Por Raúl y Velia Obregón
Los seres humanos hemos sido creados por Dios, quien nos ha dotado de tres características básicas, las cuales les mencionaremos a continuación: primero, asumir responsabilidades; segundo, tomar decisiones; y por último, establecer relaciones.
Hemos sido creados para tener relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos. Eso no lo podemos olvidar. El primero y gran mandamiento que Dios le da a la humanidad se ubica en el ámbito de las relaciones, se encuentra en el libro de San Mateo 22:37-39 “Amarás al Señor tu Dios (relación con Dios), con toda tu alma, todo tu corazón, todas tus fuerzas y al prójimo (relación con el prójimo), como a ti mismo (relación con nosotros mismos)”, cita la Biblia.
Es nuestra responsabilidad decidir el tipo de relación, constructiva o destructiva, que queremos establecer con los demás.
Una relación constructiva, en primer lugar se sustenta en el amor, en ese amor que a como dice San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, es sufrido, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no es egoísta, no se irrita, no es rencoroso; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Las relaciones destructivas producen un perjuicio tanto físico como emocional o psicológico en ambos miembros de la pareja o en el más vulnerable. Normalmente se piensa que las relaciones destructivas son aquellas que conllevan maltrato físico, pero hay formas más sutiles y casi tan devastadoras de tener una relación destructiva.
En segundo término, las relaciones constructivas demandan que comportamientos impregnados de soberbia, arrogancia, altivez, vanagloria, orgullo, sean sustituidos por comportamientos inducidos por humildad.
La humildad es una actitud que lleva a las personas a ser fuertes en su aparente debilidad, la humildad se convierte en una armadura contra defectos de carácter que atentan contra la bienandanza de las relaciones, familiares, matrimoniales y sociales.
Por el contrario, la soberbia es fuente segura de relaciones destructivas, en tanto, impide que la persona tenga la posibilidad de reconocer errores y debilidades en su comportamiento; de aceptar virtudes y aciertos de los demás.
El amor y la humildad deben ser faros que guíen nuestras relaciones hacia puerto seguro. ¿Quiere ser una persona que construye o que destruye? si su decisión es construir, entonces déjese atrapar por el amor y humildad, y actúe guiado por ellos.
Es posible comenzar una nueva vida donde podremos encontrar respeto, amor, felicidad y tranquilidad.
Queremos saber de usted, por tal razón le invitamos a escribirnos al correo [email protected] y a escuchar el programa El taller del maestro , los domingos a las 5:00 de la tarde en radio Maranatha 103.5 FM.
¡Hasta el otro lunes!
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