Por Beatriz Basile
Urbanidad marginal, de Henry A. Petrie, no solo muestran una excelencia literaria de alta calidad sino que nos invita a internarnos en un mundo carente de centro, que expele a sus habitantes a la marginalidad, “a los sueños sin realidad”, “a la desnudez que es despojo”, como en una película donde las imágenes se suceden y muestran implacables, el agobio de los excluidos.
Una edición que nos evoca y nombra lo sombrío, lo que se oculta y repele, aquello que no quiere verse, la densidad del flagelo de la pobreza que muchas de las veces es inscripto en el grafiti, ese único poema aprendido en la noche de murciélagos y gatos, de sexo, de niños hambreados y vientres abultados por la desnutrición, mujeres a las que no les cabe la gloria de los alumbramientos felices, sino la carga de los abortos, la explotación laboral, la oferta de sus cuerpos, la falta del amor.
Este panorama sombrío y de márgenes está presente en Urbanidad marginal donde encontramos la mirada inexpresiva de los vivos-muertos que deambulan por los recovecos de una ciudad olvidada y recordada por las enfermedades, la miseria material y espiritual que los azota.
Una ciudad en la que se retrata que quienes pretenden salir, caen aturdidos por la altura desconocida, porque el pan, la salud, la educación, son derechos reservados a los ciudadanos que lavan sus conciencias.
Parapléjicos, fantasmas, mujeres relegadas, niños sobrevivientes no pueden caminar y en esa parálisis todo es despojo, retrata Petrie, ese mundo que es nuestro, que nos espera, que nos necesita. El libro está disponible en librería Rigoberto López Pérez, del Centro Comercial Managua.
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