Otto Pérez, candidato presidencial de Guatemal. LA PRENSA/AP

Guatemala vota esperanzada en cambios

Grupos de indígenas acudían a votar este domingo desde sus aldeas al montañoso poblado de San Juan Sacatepéquez, esperando que se instaure la paz y que el nuevo presidente tenga buen espíritu y les ofrezca "mejores tiempos".

Por Carlos Mario Márquez y Rodolfo Zelada 

SAN JUAN SACATEPÉQUEZ, Guatemala/AFP

Grupos de indígenas acudían a votar este domingo desde sus aldeas al montañoso poblado de San Juan Sacatepéquez, esperando que se instaure la paz y que el nuevo presidente tenga buen espíritu y les ofrezca «mejores tiempos».

«Esperamos que el nuevo presidente tenga un buen espíritu y nos proporcione mejores tiempos con más apoyo para tener buenas cosechas y tengamos comida», dijo a la AFP la indígena Lucrecia Tepet, de 60 años, que vive en la periferia del poblado.

San Juan Sacatepéquez era un reflejo del ambiente festivo que se repetía en distintos puntos del país, según informes recabados por la AFP, que daban cuenta de largas filas para una elecciones en las que los guatemaltecos esperan salga un presidente que enderece un país sacudido por 18 homicidios por día.

Por diferentes rumbos, gigantescas pancartas blancas con letras color azul indicaban la instalación de los puestos de votación, los que se encontraban vigilados por fiscales, miembros de los partidos contendientes y algunos de los 39.000 policías y militares desplegados.

Un total de 7,3 millones de votantes estaban convocados en casi 17.000 mesas. El padrón electoral de este país, cuya población está integrada en un 50 por ciento por indígenas, incluye además 1,9 millones de analfabetos.

La miseria -la mitad de la población está en la pobreza y hay dos millones de desnutridos- y la violencia son las principales preocupaciones de los guatemaltecos, que asisten a las urnas por séptima vez desde la restauración democrática que precedió al fin de una guerra civil de 36 años.

Desde el amanecer, y a pesar de la niebla, decenas de indígenas con sus coloridos trajes descendieron al amanecer desde las montañas a San Juan Sacatepéquez, una treintena de km al oeste de la capital, y fueron a una misa católica antes de sufragar.

«Estoy contenta de votar por mi país», se entusiasmó María Rosa Mancía, una madre soltera de 30 años, analfabeta y quien fue la primera en votar en la mesa 3.174, donde estampó su huella digital a modo de firma.

Los pobladores de la zona se dedican a tareas agrícolas, en especial la floricultura -que le vale al pueblo el mote de «ciudad de las flores»-, así como a la fabricación de muebles, y el idioma mayoritario es el Kaqchiquel -una lengua maya- aunque también se habla castellano.

Otro de los votantes, Pedro José Cotzojay (49 años), opinó que la principal tarea del nuevo presidente es «generar trabajo y combatir la delincuencia».

La percepción entre los capitalinos es similar. «Que haya cambios radicales en todos los sentidos», afirmó el sexagenario Manuel Romero, a la AFP.

Romero se levantó antes de las cuatro de la mañana de este domingo para sufragar. Su iniciativa tuvo un premio ya que fue uno de los primeros en ingresar a su centro de voto.

«No puedo dejar de votar, es un deber por nuestro país», dijo a la AFP el anciano Juan Estrada, de 82 años, tez blanca, barba rala y quien llegó a votar en silla de ruedas.

Preocupado por la honradez política y con lucidez, Estrada advirtió que «el juicio (por corrupción) contra el ex presidente Alfonso Portillo (2000-2004) y el no haber dejado participar a la ex primera dama Sandra Torres en las elecciones, sienta precedentes. Creo que vamos por buen camino».

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