El escenario: hay una emergencia (huracán, erupción, deslave, inundación, tsunami o sismo…, son muchas las opciones) y cada quien corre para conservar la vida. La misión: salvar a los animales. De eso se encarga la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA, por sus siglas en inglés).
En Nicaragua la federación ya ha tenido varias experiencias, entre las que se cuentan la erupción del cerro Negro, en 1995, y el huracán Félix, en el 2007.
En esa última emergencia nuestro país marcó un récord, pues un pequeño equipo de veterinarios nicaragüenses logró atender a ocho mil animales por semana, con jornadas de trabajo de hasta 18 horas, cuenta Gerardo Huertas, director de manejo de desastres para las Américas de WSPA.
Por ser Nicaragua un país vulnerable, no solamente por su posición geográfica (aquí pega la mayoría de las colas de huracanes y tormentas) sino también “por la falta de capacidad instalada”, la federación está preparando una generación de estudiantes con capacidad para responder en una emergencia y saber hablar con sus clientes y vecinos para encauzarlos en la reducción de riesgos.
Para esto, WSPA se está coordinando con la Universidad de Ciencias Comerciales (UCC).
Se trata de cuidar los medios de vida de las personas, que en muchos casos tienen una economía agropecuaria y, también, evitarles el golpe emocional de perder a sus mascotas, que también son parte de la familia.
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