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Al equipo nica todavía le falta trabajo, precisión y en algunos momentos criterio, pero le sobra fe y tiene carácter. Se avanza poco a poco, pero sobre la dirección correcta.
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Por Edgard Rodríguez C.
Sobre el mejor escenario que más de 12 mil entusiastas fanáticos podían crear, Nicaragua ofreció anoche una tórrida batalla a Panamá, cuya superioridad futbolística no fue visible en la cancha, aunque sí en el marcador 2-1, con los tres goles salidos de su propia artillería.
Como dijo MacArthur, nada sustituye a la victoria, pero frustración no era el sentimiento que se apreciaba entre los asistentes, luego de ver al equipo nica peleando sin complejos frente a un oponente sin maquillaje, pero con mucha firmeza y oficio.
Producto del miedo escénico, Nicaragua tardó en entrar en el juego, pero Panamá lo obligó a hacerlo rápido, cuando a través de Luis Tejada se fue adelante 1-0, con solo siete minutos transcurridos, en una jugada que inició tras una falla de Daniel Zúñiga en la zaga.
Nicaragua reaccionó con vigor y presionó, y en ese esfuerzo, Juan Barrera colocó un centro que el panameño Román Torres metió en su propia meta, provocando un 1-1 y originando la más grande subida de voltaje en la noche, al minuto 19 del primer tiempo.
Ambas tropas comenzaron el segundo tiempo a todo vapor, pero Panamá tomó las riendas del juego cuando Blas Pérez aprovechó una falta de rigor en la marca de Zúñiga y maniobró con precisión para anotar el gol del triunfo al minuto 50 del partido.
Nicaragua no bajó los brazos y siguió insistiendo. Permeó la defensa canalera a través de varios bombazos como el Josué Quijano al minuto 60 y el de Samuel Wilson posteriormente, pero su mejor opción se perdió cuando Daniel Reyes no pudo dar el tiro de gracia y el arquero Penedo sujetó la victoria.
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