Por Elba Parrales
En medio de impresionantes cuadros, unos que adornan la sala de su casa y otros en plena faena creativa, encontramos a la artista Erika Mierisch.
Su estudio está en orden. El ambiente es acogedor y más que una entrevista ella nos regala una conversación enriquecedora, sobre todo cuando aborda temas que tienen que ver directamente con ella, como el arte.
Es amigable y muy espontánea, aunque afirma ser una mujer seria. Su belleza no solo es física, sino también interna. “Lucho por practicar las virtudes todos los días, en especial las que más me cuestan como la flexibilidad o la prudencia”, comenta la pintora.
Su creatividad la demuestra en cada pincelada sobre el lienzo y su buen gusto en cada adorno o escultura que adorna su hogar.
“Me gusta mucho fomentar la creatividad, principalmente en los niños”, nos cuenta mientras describe un cuadro que decora su estudio, hecho por el pintor nicaragüense Raúl Marín.
FASE CREATIVA
Algunos se preguntan si el artista nace o se hace. Erika está segura que es una aptitud genética. “En el colegio tuve una gran atracción por la clase de arte, era mi favorita y deseaba que nunca se acabara”.
Esta inquietud artística la llevó a estudiar Arquitectura en la Universidad Católica de Nicaragua, y aunque nunca se ha dedicado a su profesión, aprendió conceptos y prácticas que le ayudaron a comprender con mayor facilidad el oficio de la pintura que le inculcó el maestro Reinaldo Hernández.
“Pasé de los rapidógrafos a los lápices, carboncillos y pinceles. Pasé de una actividad creativa pero rígida en lo que a expresión pictórica se refiere, a un mundo lleno de color, retadora en el sentido de crear cualquier tipo de volumen en un campo bidimensional (el lienzo) a través del uso y mezcla del color”, afirma.
Pero su labor como artista no queda solo en crear obras que suscitan emociones, sino también en transmitir sus conocimientos a padres y a niños. “Trabajo en el Colegio Altamar en el área de apoyo a los padres de familia y fomento en los alumnos el arte y la creatividad. Me emociona ver el gran potencial que tienen los niños”, confiesa la artista.
Pintar es más que un pasatiempo para Erika, ya que como ella asegura “si nací con este don tengo que desarrollarlo”.

A ella le ha tocado escuchar frases tales como: “pintoras de domingo”, “las mujeres no pueden ser pintoras porque tienen otros intereses” o “la pintura está formando parte del pasado”.
“El trabajo que realizamos las artistas que tenemos familia, debería ser valorado con mucha más razón porque a pesar de todas las responsabilidades que tenemos, sacamos adelante nuestras obras de arte y demostramos que tenemos capacidad”, dice con orgullo Erika.
Actualmente está elaborando composiciones con collares, pero no con cualquier modelo, ya que afirma que tiene que haber “química” con los que usa. Cuando lo logra y es puesta sobre un lienzo, la pintura queda como si fuera una fotografía, porque el estilo que ella utiliza es el realismo.
SU OTRA PASIÓN
Aún cuando no está pintando, Erika no deja de ser creativa, sobre todo si se trata de dedicarle tiempo a sus cuatro hijos.
Su principal inspiración son las situaciones cotidianas y su familia. Su gran colaborador es su esposo Álvaro Lacayo Vargas, con quien lleva 14 años de casada.
“La ventaja de dedicarme a la pintura es que ahora paso más tiempo en casa y puedo estar más cerca para atender las necesidades de mi familia”.
Según Erika, la parte más difícil de su vida es aprender a pasar más tiempo de calidad con sus hijos, conocerlos a cada uno, ya que tienen personalidades muy distintas.
“Hay que ayudarles a usar bien su libertad, porque eso los hará más felices. Se tienen que aprovechar los domingos o días libres para hacer actividades que unan a la familia”, recomienda esta mujer apasionada y a veces impulsiva.
Su rol de madre le ha ayudado a ser paciente, aunque reconoce que “la he perdido más de una vez”. También ha aprendido a ser generosa y a demostrar su amor. “Uno da la vida por los hijos. De ellos se puede aprender mucho, como de su naturalidad y espontaneidad. Esto incluso lo pongo en práctica al momento de pintar”, expresa.
Esta artista plástica sabe combinar perfectamente sus dos pasiones: la pintura y su familia. Afirma que para conseguir el éxito en estas dos actividades se debe trabajar con pasión.
Cuando le llega la inspiración actúa inmediatamente haciendo los bocetos y composiciones y cuando sus hijos le piden atención, está ahí para dárselas.
MÁS SOBRE LA ARTISTA
Erika escucha música instrumental cuando quiere relajarse y pop cuando desea levantar su ánimo.
Le gustan los colores fríos, como azul, violeta y verde oscuro.
Le molestan el abuso e intolerancia de algunas personas.
Le hace feliz el hecho de tener una familia grande y unida.
Ha visitado Estados Unidos, Italia, Inglaterra, entre otros.
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