Por Elizabeth Romero
En los últimos años Nicaragua pasó del consumo de la marihuana —sobre todo cultivada en Terrabona, Matagalpa, donde se daba la mayor producción— a la adicción de la piedra crack y cocaína.
El vocero policial explicó que para registrar un lugar donde sospechan es un expendio, necesitan orden de allanamiento, pero para ello también requieren muchos elementos de convicción para ingresar al local. A criterio de Borge, no solo basta la actuación policial, sino debe haber una presión social de parte de la comunidad, en contra de los expendedores.
El artículo 37 de la Ley contra el Crimen Organizado establece la clausura temporal del negocio, así como la prisión preventiva “la que no podrá ser sustituida por otra medida cautelar”, cuando se trate de una serie de delitos en los que incurra el sospechoso.
Y el artículo 39 de la misma también señala que “en casos de urgencia conforme al artículo 246 del Código Procesal Penal, la Policía Nacional podría allanar, registrar y secuestrar bienes” vinculados a los delitos a que se refiere esta Ley.
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El comisionado refirió que la Policía no puede cerrar esos expendios porque no se trata de ventas oficiales. “El fenómeno es complejo”, manifestó.
Hay casos donde estos se han constituido en un negocio familiar. Por lo que aunque conducen a los tribunales a los sospechosos, detrás de ellos quedan parientes que siguen con el negocio ilícito, confirmó el funcionario policial.
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La expresión de Johana Flores era de dolor y rabia retenida. Ese día, minutos antes, había visto cuando los agentes policiales retenían a su pequeño Edwin, de 15 años, junto a otros dos muchachos consumidores de droga.
Edwin fue sorprendido consumiendo una tila de marihuana en plena vía pública. Flores responsabilizó a los expendedores de droga de corromper a muchachos como su hijo, a quienes primero les regalan droga como anzuelo para volverlos adictos, y después los vuelven prisioneros de un vicio que a veces los convierte en muleros que cruzan las fronteras de un barrio a otro.
Hay muchachos de 10 años en el negocio y que como Edwin no estudian, ni los motiva ninguna actividad recreativa para salir de ese mundo.
El puente peatonal que divide al barrio Venezuela de su vecino la URSS, llamado así en honor a las siglas de la extinta Unión de República Socialistas Soviéticas, es un sitio donde se venden drogas. Ahí transitan algunos muleros que cuando no venden se dedican a robar a los transeúntes.
Gerson Bonilla, pastor de la iglesia Reformada, dice que el problema en ese barrio es la proliferación de los expendios de droga que provocan inseguridad ciudadana, más pobreza, delincuencia y muerte. La población teme “porque hay un tendido de droga que casi no se mira pero que está y la gente sabe”.
A diferencia del barrio Venezuela en las Américas 2, los pobladores temen identificarse, pero igual, denunciaron que hay casos de expendios reconocidos, y señalan que la Policía sabe perfectamente dónde están ubicados, como uno cuya casa está instalada en el andén Pedro Joaquín Chamorro.

Sus habitantes que por temor expusieron el caso bajo el anonimato, sostienen que el mismo es manejado por una persona de más de 80 años, lo que la favorece para no ser enviada a la cárcel.
En el lugar nadie habla abiertamente del tema, los habitantes alegan que existe temor a una posible represalia por parte de los expendedores, sobre todo porque aseguran están supuestamente protegidos por ciertos oficiales de la Policía Nacional.
Los vecinos hasta cuentan con placas de vehículos en los que supuestamente trasladan la droga a los consumidores de otros barrios.
“Ya no solo tenés el expendio, la casa que está identificada como la que vende droga, junto a eso tenés venta ambulante. Jóvenes vinculados al expendio que se prestan para vender droga de manera ambulante (son jóvenes en riesgo), el delivery express, dicen que hasta en motos te llegan a dejar”, apuntó Roberto Orozco, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP).
Orozco señaló que, según cifras oficiales, en Managua están distribuidos unos 1,200 expendios de drogas. Pero extraoficialmente se hacen estimaciones de que pueden haber “fácilmente” entre 2,000 y 3,000 puntos de distribución.
David Silva, director del Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana de Nicaragua (Cesnic), coincide con Orozco en que “los narcoexpendios sí han crecido” en la mayoría de los barrios. Pero la Policía Nacional no brinda cifras oficiales.
Las causas por las que Silva cree que hayan florecido los expendios van desde la ubicación del país favorable al tráfico internacional “y la presión de las autoridades por la incautación (que) ha dejado que mucha de la droga que no circula quede en Nicaragua”.
Silva indicó que, debido a la presión que ejercían las autoridades sobre los vendedores de droga, estos utilizaban a menores para el traslado de la mercancía en pocas cantidades a otros barrios.
Asimismo, señaló que hay miembros de pandillas que se dedican a “alertar (a los consumidores sobre) la presencia de las autoridades (policiales) cuando van haber algunos operativos”, en algunos barrios donde hay algún tipo de organización mínima. De esta forma se convierten en colaboradores de los expendedores.