“Siempre hay quien te diga donde venden la droga, la clientela es fija, el mercado crece clandestinamente, pero la gran mayoría de los clientes se van a la tumba con el secreto”, cuenta Martín, un joven ocotaleano, que hoy, a sus 24 años de edad se regocija de haber logrado salir de ese mundo en el que “pegó bandazos” casi por siete años.
Por Alina Lorío y Félix Rivera
Martín fue absorbido por las drogas apenas a sus trece años de edad, cuando un “amiguito” menor que él, empezó a llevarlo a un expendio, donde solo pedían como requisito mencionar quien lo había recomendado.
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Era parte de un grupo de 60 niños, adolescentes y jóvenes que consumían droga en un barrio de la zona norte de Ocotal y, según cuenta, es común ver como niños de 3 años hasta los 13 o 15 años son utilizados por los expendedores para trasladar la mercancía hacia donde consideren necesario o llevarla hacia alguien que la ha pedido a domicilio.
Primero marihuana, luego cocaína y terminan con “la piedra de crack”, cada una cuesta 50 córdobas y para conseguirlas muchos de estos muchachos se ven obligados a robar primero en su casa y después en la calle.
Sin embargo, el otro 50 por ciento de esa camada, unos están presos en El Salvador y México, uno se suicidó, otros quedaron con problemas físicos y mentales irreversibles, algunos continúan con el alcohol y otros decidieron mantener su adicción hasta la muerte.
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- Droga se vende a domicilio en Managua.
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En su período de consumo, Martín conoció no menos de siete expendios en Ocotal, a dos vendedores ambulantes que se estacionaban en los semáforos ubicados en la intercepción de carreteras hacia Dipilto, Jalapa y Macuelizo, y otro expendedor que se movía de casa constantemente.
Solo dos personas cumplen penas y otra perdió la vida en circunstancias no muy claras.
EN LOS COLEGIOS
El comisionado Pablo Ardón, jefe de relaciones públicas de la Policía de Ocotal, enfatizó que ejecutan acciones preventivas sobre todo en colegios.
Detalló que en 43 colegios priorizados del departamento trabajan con los consejos escolares, gobiernos estudiantiles y docentes en la prevención del consumo de droga, mantienen vigilancia permanente en los centros para prevenir alteraciones originadas por los grupos juveniles y conflictos entre estudiantes.
Manifestó que también controlan los expendios de licor que están cercanos a los centros de estudio, para evitar la ingestión alcohólica de los alumnos y a controlar a las personas que llegan a ofrecer droga a los estudiantes. Para el jefe policial, la institución mantiene “una estrecha relación” con las instancias judiciales en el enfrentamiento a los expendios de drogas.
HISTORIAS DE ESPERANZA

Expendios de la ciudad dedicados al narcomenudeo, producción y comercialización de marihuana en el área rural, piedras de crack adulteradas y venta de droga en algunos colegios son algunas de las situaciones que ocurren en Jinotega.
Juan José Gaitán Ocampo fue adicto, por más de 20 años, a todo tipo de drogas. En 1993 hastiado del consumo de marihuana, cocaína y crack, ingresó voluntariamente al extinto centro de rehabilitación El Amigo que Ama, que estuvo ubicado en la comunidad de Aranjuez, carretera Jinotega-Matagalpa.
Luego regresó a Jinotega con la idea de fundar un centro de rehabilitación, lo cual logró hace tres años en una humilde casa, ubicada en el barrio Villa Valencia, en la ciudad de Jinotega.
Gaitán Ocampo, es optimista. “A pesar que por esta casita han pasado 300 toxicómanos, solo 25 se han rehabilitado totalmente, pero esa es la norma y patrón en todo centro, ocurre que hay gente que se recupera, vuelve a recaer, vuelve al centro y recae nuevamente, así se comportan en cualquier centro nacional”, dijo.
Centro de Vida y Esperanza, Dios es Amor, El Proveerá, se llama el lugar. “Esto funciona como un hogar albergue de rehabilitación con mucha disciplina. Los que a esta casa vienen se acuestan a más tardar a las nueve de la noche y ya a las seis de la mañana están levantados, elevando una plegaria al creador y dándole gracias de tenerlos con vida y por sobre todas las cosas pidiéndole una oportunidad para rectificar y abandonar el alcoholismo y las drogas”, explicó Gaitán.

Han aprendido a hacer desinfectantes, manualidades y artesanías, que venden en el mercado de Jinotega y luego de dos meses de estar en rehabilitación, se hace una valoración para ver si las personas pueden salir a vender los productos y después regresar al lugar.
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