Por Luis Eduardo Martínez
Corresponsal Matagalpa
Basta una llamada para que en pocos minutos el furtivo hombre, a bordo de una moto, entregue el pedido de un gramo de cocaína que el joven de 22 años hizo desde una banca del parque Darío, al centro de la ciudad de Matagalpa.
Martín, cuyo nombre real es otro, adquirió la droga para “compartirla” con otros amigos —ninguno mayor de 23 años— durante la fiesta a la que irían un fin de semana.
La “entrega a domicilio” o en el “punto” escogido por el “cliente” es una de las modalidades que en Matagalpa están implementando los narcoexpendedores quienes se auxilian de algunos consumidores —incluyendo a niños y adolescentes— para llevar pequeñas porciones de marihuana, cocaína o piedras de crack a los solicitantes.
“No es como antes que (los consumidores) llegaban a la casa de uno, ahora no, con todo lo que ha pasado, que ya saben que la Policía se va a instalar frente a la casa de uno a estar grabando para tener pruebas, como ya se conoce esa modalidad, entonces lo que están haciendo todos los expendedores es que les contratan la droga por medio de celular: ‘esperame en tal parte’ y así la distribuyen, porque la misma Policía les instruye de que hagan así”, sostuvo Víctor Roa Jiménez, un exconvicto que vendía drogas, conocido con el mote de “Kiko”.
Se trata de una modalidad más “complicada” para atacar, reconoce el jefe departamental de la Policía en Matagalpa, comisionado mayor José Ramón Calderón Mena.
Sin precisar cantidades, el jefe policial refiere que en requisas en buses de transporte colectivo la Policía ha detenido a adolescentes cuyos familiares —a veces padres— los han enviado para comprar droga a Managua y luego revenderla en Matagalpa.
Asimismo, de 192 operaciones antidrogas ejecutadas por la Policía en el departamento de Matagalpa en los primeros cinco meses de este año, casi el 40 por ciento se dio en la vía pública, mientras que 45 operativos fueron en casas de habitación usadas para el expendios de drogas.
MARIHUANA CIRCULA MÁS
La marihuana es la droga de mayor consumo entre la juventud, adolescencia e incluso la niñez de Matagalpa, estima Jairo Blanchard, coordinador de Recreación Sana, una organización cuyo propósito es apoyar a los jóvenes y sacarlos de las agrupaciones juveniles y pandillas.
Blanchard fundó y lideró varias agrupaciones juveniles delictivas en Matagalpa y hasta perteneció a una mara en Guatemala, desde donde se regresó en el año 2000 tras haber cometido diversos delitos.
Conocido con el mote de “El Pandi”, el dirigente sostiene que en Matagalpa también hay puestos de venta de cocaína y crack, lo que reconocen las autoridades policiales.
Blanchard considera que hay más expendios de los que dice la Policía: “Solo en (el barrio) Sabadell hay 14 expendios… en La Chispa hay más y a la cancha llegan 13 ambulantes a vender; ahí llegan los vehículos a comprar, también en El Tambor hay ocho (expendios) que son reconocidos, además de los que llegan a vender de forma ambulante”.
Enumeró más de 15 sitios donde los jóvenes se reúnen para consumir drogas en distintos barrios de la ciudad, mencionando además algunos centros escolares donde las autoridades han detectado el consumo de drogas.

Blanchard estima que la Policía “no está haciendo nada, porque ellos sí conocen quiénes son los vendedores y quiénes son los consumidores, pero siempre están culpando a otros como para llenar requisitos (cumplir metas) y llenar las cárceles y decir: ‘sí estamos trabajando y aquí están los quiebres y aquí está la gente capturada, ahí tenemos las cárceles llenas de drogos y delincuentes’, pero los verdaderos expendedores, consumidores y delincuentes siempre están en las calles”.
Al respecto, Calderón reacciona: “Hay cosas muy técnicas… yo puedo saber que alguien vende drogas, pero ¿cómo lo pruebo? Entonces, montamos la operación cuando ya tenemos el estudio de la persona y sabemos que hay drogas (en la casa), porque está lo otro, podemos allanar cien casas hoy y si no encontramos drogas es un trabajo negativo, ¿qué dice después la comunidad? ‘claro, como ya saben quiénes son y tal cosa’ y te empiezan a prejuzgar y a juzgar mal”.
POCAS INCAUTACIONES
Luis Enrique Tinoco Rivera iba en una moto, realizó un giro indebido por lo que fue perseguido por agentes policiales, quienes lo detuvieron en la entrada del reparto Paz y Reconciliación, al suroeste de la ciudad de Matagalpa, encontrándole 11.3 gramos de marihuana en uno de los bolsillos del pantalón.
Mientras tanto, cumpliendo con una orden judicial, en días recientes policías de Darío allanaron la casa de Fidel Antonio Mendoza Mendoza, en la comunidad Las Calabazas, donde encontraron 132.5 gramos de marihuana que estaban ocultos en una lonchera.
Asimismo, en Yasica Sur, municipio de San Ramón, la Policía detuvo a Julio Eliézer Figueroa, de 20 años, a quien le decomisaron 37 gramos de piedras de crack que portaba en 18 bolsitas de plástico, presuntamente la droga estaba lista para el expendio.
Esas operaciones son frecuentes en el departamento de Matagalpa. Los infractores están siendo procesados en los Juzgados de Matagalpa, donde la percepción generalizada es de impunidad en ese tipo de delitos, porque de 94 procesados de enero a mayo de este año, más de la mitad fueron liberados y solo cinco habían sido condenados, mientras que otros 37 esperan la realización de juicios cumpliendo con la medida cautelar de prisión preventiva.
“EXPENDEDORES AVISADOS”
“Los expendedores usan diversas técnicas para esconderla”, refiere un agente de la especialidad policial Antidrogas.
El comisionado mayor Calderón apunta que los expendedores “no ocultan la droga en su casa, sino que lo hacen en patios vecinos o en otro lado, usan diferentes técnicas”.
Sin embargo, Víctor Roa Jiménez, un exconvicto que vendía drogas, sostuvo que hay expendedores que reciben información policial previa a los operativos, porque los narcos cuentan con “autorización” para vender.
Calderón, por su parte, rechaza que “autoricen” el expendio de drogas, pero admite que “podría ser” que exista fuga de información previo a los operativos y “por eso hemos cambiado el sistema, no lo voy a ampliar (el mecanismo), pero no voy a descartar que se fugue una información y por eso lo hacemos con sigilo, no todo el mundo sabe cuándo y quién lo hace, hasta el momento de operar”.
Roa, conocido por el mote de “Kiko”, alcanzó notoriedad en el 2003, cuando fue uno de los 22 expendedores de drogas arrestados durante el llamado Plan Escoba, uno de los operativos emblemáticos de la Policía respecto de la cantidad de allanamientos y arrestos simultáneos, pero con pobres resultados en incautaciones de estupefacientes.
El Plan Colegio ha disminuido el consumo de drogas en los centros escolares en comparación con períodos anteriores, valora las autoridades policiales del departamento de Matagalpa.
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-35 expendios, según un agente de la especialidad de drogas, hay solo en la ciudad de Matagalpa establecidos en casas de habitación y además cada expendedor tiene entre tres y cuatro vendedores ambulantes.
-80 por ciento de la población juvenil de la ciudad de Matagalpa consume algún tipo de drogas, según los cálculos de Jairo Blanchard, coordinador de Recreación Sana, una organización que trabaja con jóvenes.
-45 operativos policiales, de enero a mayo de este año, fueron ejecutados en casas de habitación.
-77 operativos ocurrieron en la vía pública.
100 libras, más 21 plantas y 24 gramos de semilla de marihuana fueron decomisados.
-27 gramos de cocaína y 133 gramos de crack también fueron incautados en diferentes operativos policiales.
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“A mí no me hallaron nada, absolutamente nada, a los demás solo dos ‘tilas’ (de marihuana) que no pesan ni un gramo”, recuerda Roa, quien pasó preso durante tres años y dos meses, aunque inicialmente fue condenado a 11 años de presidio y multa de un millón de córdobas por tráfico interno de estupefacientes, psicotrópicos y otras sustancias controladas, en la modalidad de expendio, una sentencia que aún considera “injusta”.
Cuando fue arrestado el 26 de junio de 2003, “Kiko” declaró ante diversos medios de comunicación que era un “agente encubierto antinarcóticos” de la Policía. Tres años después fue beneficiado con la aplicación de la figura jurídica de “abono legal” tras una reducción de la condena por parte de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción Norte y fue liberado en agosto de 2006.
“TODO IGUAL”
Ahora, “todo está igual que en 2003, cuando nos hicieron ese operativo”, sostiene Roa, agregando que “en ese entonces ellos (policías) nos reclutaron como agentes encubiertos para expender la droga y según ellos, era para darse cuenta de dónde venía, quién la traía y todo esa situación (…) éramos como 10 o 15 y cada quién tenía su distribuidor de droga, ya sea cocaína o marihuana”.
“Venían (los distribuidores), la dejaban (la droga) y aquí simplemente ellos (Policía) nos mandaban a Managua a revenderla y lo que hacían era ‘quebrar’ a los pequeños consumidores, pero a los ‘gruesos’ nunca le hicieron nada para mantener más que todo el mercado. Y si en un caso agarraban a algún vendedor ‘grueso’ lo que hacían era reclutarlo también, según ellos, como agente”, añade Roa.
De acuerdo con el exconvicto, las utilidades por ventas de drogas eran “distribuidas”. El expendedor “apartaba” la inversión y una parte de las ganancias “se la dábamos a cualquiera de los oficiales que nos dijera: ‘necesito pagar el teléfono, necesito llevar a mi casa para los gastos, pagar la luz’, y ese tipo de cosas”.
Roa considera que cayó preso en el Plan Escoba porque tres meses antes fue a “denunciar esa corrupción” ante la jefatura nacional de la Policía.
Sin embargo, Calderón rechaza el señalamiento: “Es posible que en aquel momento (2003) lo hayan hecho, pero en mi caso particular no. Si ese señor (Roa) dice algo, él pudo ser parte de la red”, dijo, añadiendo: “Yo no puedo decir eso actualmente, porque mi sistema de trabajo es diferente. Tenemos una forma de trabajar técnica en función de esto y yo sé cómo voy a comprobar y cómo lo vamos a trabajar (desarticulación de expendios)”.
Roa señala que entre los presos del Plan Escoba hay quienes tienen hijos adolescentes y ahora también los mandan a vender drogas, mencionando que uno de ellos tiene “permiso permanente”.
Martín, cuyo nombre real es otro, adquirió la droga para “compartirla” con otros amigos —ninguno mayor de 23 años— durante la fiesta a la que irían un fin de semana.
La “entrega a domicilio” o en el “punto” escogido por el “cliente” es una de las modalidades que en Matagalpa están implementando los narcoexpendedores quienes se auxilian de algunos consumidores —incluyendo a niños y adolescentes— para llevar pequeñas porciones de marihuana, cocaína o piedras de crack a los solicitantes.
“No es como antes que (los consumidores) llegaban a la casa de uno, ahora no, con todo lo que ha pasado, que ya saben que la Policía se va a instalar frente a la casa de uno a estar grabando para tener pruebas, como ya se conoce esa modalidad, entonces lo que están haciendo todos los expendedores es que les contratan la droga por medio de celular: ‘esperame en tal parte’ y así la distribuyen, porque la misma Policía les instruye de que hagan así”, sostuvo Víctor Roa Jiménez, un exconvicto que vendía drogas, conocido con el mote de “Kiko”.
Se trata de una modalidad más “complicada” para atacar, reconoce el jefe departamental de la Policía en Matagalpa, comisionado mayor José Ramón Calderón Mena.
Sin precisar cantidades, el jefe policial refiere que en requisas en buses de transporte colectivo la Policía ha detenido a adolescentes cuyos familiares —a veces padres— los han enviado para comprar droga a Managua y luego revenderla en Matagalpa.
Asimismo, de 192 operaciones antidrogas ejecutadas por la Policía en el departamento de Matagalpa en los primeros cinco meses de este año, casi el 40 por ciento se dio en la vía pública, mientras que 45 operativos fueron en casas de habitación usadas para el expendios de drogas.
Marihuana circula más
La marihuana es la droga de mayor consumo entre la juventud, adolescencia e incluso la niñez de Matagalpa, estima Jairo Blanchard, coordinador de Recreación Sana, una organización cuyo propósito es apoyar a los jóvenes y sacarlos de las agrupaciones juveniles y pandillas.
Blanchard fundó y lideró varias agrupaciones juveniles delictivas en Matagalpa y hasta perteneció a una mara en Guatemala, desde donde se regresó en el año 2000 tras haber cometido diversos delitos.
Conocido con el mote de “El Pandi”, el dirigente sostiene que en Matagalpa también hay puestos de venta de cocaína y crack, lo que reconocen las autoridades policiales.
Blanchard considera que hay más expendios de los que dice la Policía: “Solo en (el barrio) Sabadell hay 14 expendios… en La Chispa hay más y a la cancha llegan 13 ambulantes a vender; ahí llegan los vehículos a comprar, también en El Tambor hay ocho (expendios) que son reconocidos, además de los que llegan a vender de forma ambulante”.
Enumeró más de 15 sitios donde los jóvenes se reúnen para consumir drogas en distintos barrios de la ciudad, mencionando además algunos centros escolares donde las autoridades han detectado el consumo de drogas.
Blanchard estima que la Policía “no está haciendo nada, porque ellos sí conocen quiénes son los vendedores y quiénes son los consumidores, pero siempre están culpando a otros como para llenar requisitos (cumplir metas) y llenar las cárceles y decir: ‘sí estamos trabajando y aquí están los quiebres y aquí está la gente capturada, ahí tenemos las cárceles llenas de drogos y delincuentes’, pero los verdaderos expendedores, consumidores y delincuentes siempre están en las calles”.
Al respecto, Calderón reacciona: “Hay cosas muy técnicas… yo puedo saber que alguien vende drogas, pero ¿cómo lo pruebo? Entonces, montamos la operación cuando ya tenemos el estudio de la persona y sabemos que hay drogas (en la casa), porque está lo otro, podemos allanar cien casas hoy y si no encontramos drogas es un trabajo negativo, ¿qué dice después la comunidad? ‘claro, como ya saben quiénes son y tal cosa’ y te empiezan a prejuzgar y a juzgar mal”.
Pocas incautaciones
Luis Enrique Tinoco Rivera iba en una moto, realizó un giro indebido por lo que fue perseguido por agentes policiales, quienes lo detuvieron en la entrada del reparto Paz y Reconciliación, al suroeste de la ciudad de Matagalpa, encontrándole 11.3 gramos de marihuana en uno de los bolsillos del pantalón.
Mientras tanto, cumpliendo con una orden judicial, en días recientes policías de Darío allanaron la casa de Fidel Antonio Mendoza Mendoza, en la comunidad Las Calabazas, donde encontraron 132.5 gramos de marihuana que estaban ocultos en una lonchera.
Asimismo, en Yasica Sur, municipio de San Ramón, la Policía detuvo a Julio Eliézer Figueroa, de 20 años, a quien le decomisaron 37 gramos de piedras de crack que portaba en 18 bolsitas de plástico, presuntamente la droga estaba lista para el expendio.
Esas operaciones son frecuentes en el departamento de Matagalpa. Los infractores están siendo procesados en los Juzgados de Matagalpa, donde la percepción generalizada es de impunidad en ese tipo de delitos, porque de 94 procesados de enero a mayo de este año, más de la mitad fueron liberados y solo cinco habían sido condenados, mientras que otros 37 esperan la realización de juicios cumpliendo con la medida cautelar de prisión preventiva.
“Expendedores avisados”
“Los expendedores usan diversas técnicas para esconderla”, refiere un agente de la especialidad policial Antidrogas.
El comisionado mayor Calderón apunta que los expendedores “no ocultan la droga en su casa, sino que lo hacen en patios vecinos o en otro lado, usan diferentes técnicas”.
Sin embargo, Víctor Roa Jiménez, un exconvicto que vendía drogas, sostuvo que hay expendedores que reciben información policial previa a los operativos, porque los narcos cuentan con “autorización” para vender.
Calderón, por su parte, rechaza que “autoricen” el expendio de drogas, pero admite que “podría ser” que exista fuga de información previo a los operativos y “por eso hemos cambiado el sistema, no lo voy a ampliar (el mecanismo), pero no voy a descartar que se fugue una información y por eso lo hacemos con sigilo, no todo el mundo sabe cuándo y quién lo hace, hasta el momento de operar”.
Roa, conocido por el mote de “Kiko”, alcanzó notoriedad en el 2003, cuando fue uno de los 22 expendedores de drogas arrestados durante el llamado Plan Escoba, uno de los operativos emblemáticos de la Policía respecto de la cantidad de allanamientos y arrestos simultáneos, pero con pobres resultados en incautaciones de estupefacientes.
“A mí no me hallaron nada, absolutamente nada, a los demás solo dos ‘tilas’ (de marihuana) que no pesan ni un gramo”, recuerda Roa, quien pasó preso durante tres años y dos meses, aunque inicialmente fue condenado a 11 años de presidio y multa de un millón de córdobas por tráfico interno de estupefacientes, psicotrópicos y otras sustancias controladas, en la modalidad de expendio, una sentencia que aún considera “injusta”.
Cuando fue arrestado el 26 de junio de 2003, “Kiko” declaró ante diversos medios de comunicación que era un “agente encubierto antinarcóticos” de la Policía. Tres años después fue beneficiado con la aplicación de la figura jurídica de “abono legal” tras una reducción de la condena por parte de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción Norte y fue liberado en agosto de 2006.
“Todo igual”
Ahora, “todo está igual que en 2003, cuando nos hicieron ese operativo”, sostiene Roa, agregando que “en ese entonces ellos (policías) nos reclutaron como agentes encubiertos para expender la droga y según ellos, era para darse cuenta de dónde venía, quién la traía y todo esa situación (…) éramos como 10 o 15 y cada quién tenía su distribuidor de droga, ya sea cocaína o marihuana”.
“Venían (los distribuidores), la dejaban (la droga) y aquí simplemente ellos (Policía) nos mandaban a Managua a revenderla y lo que hacían era ‘quebrar’ a los pequeños consumidores, pero a los ‘gruesos’ nunca le hicieron nada para mantener más que todo el mercado. Y si en un caso agarraban a algún vendedor ‘grueso’ lo que hacían era reclutarlo también, según ellos, como agente”, añade Roa.
De acuerdo con el exconvicto, las utilidades por ventas de drogas eran “distribuidas”. El expendedor “apartaba” la inversión y una parte de las ganancias “se la dábamos a cualquiera de los oficiales que nos dijera: ‘necesito pagar el teléfono, necesito llevar a mi casa para los gastos, pagar la luz’, y ese tipo de cosas”.
Roa considera que cayó preso en el Plan Escoba porque tres meses antes fue a “denunciar esa corrupción” ante la jefatura nacional de la Policía.
Sin embargo, Calderón rechaza el señalamiento: “Es posible que en aquel momento (2003) lo hayan hecho, pero en mi caso particular no. Si ese señor (Roa) dice algo, él pudo ser parte de la red”, dijo, añadiendo: “Yo no puedo decir eso actualmente, porque mi sistema de trabajo es diferente. Tenemos una forma de trabajar técnica en función de esto y yo sé cómo voy a comprobar y cómo lo vamos a trabajar (desarticulación de expendios)”.
Roa señala que entre los presos del Plan Escoba hay quienes tienen hijos adolescentes y ahora también los mandan a vender drogas, mencionando que uno de ellos tiene “permiso permanente”.