“Me siento abandonado”

Antonio Herradora jamás se echó hacia atrás ante ningún reto. Incluso, cuando el espigado bateador cubano Armando Capiró se quiso pasar de listo y le preguntó que si era el “carga-bates” del equipo de Nicaragua en 1971, el zurdo le dijo que le contestaría sobre el terreno.

San Isidro

Por Edgard Rodríguez C.

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“Lo mejor que me ha pasado fue haber vencido a Cuba en Dominicana en 1972. Antes, en 1971 en La Habana, les lancé un buen partido, pero lo perdí. Sin embargo me desquité en el Torneo de la Amistad ”.

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“Con Granada tuve mi mejor época. Entre 1972 y 1974, gané al menos 10 juegos por campaña y hasta logramos un campeonato. Yo me inicié con el Managua en 1970, pero luego pasé a Granada”.

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  • victorias por 32 derrotas con 1.93, es el récord de Antonio Herradora en su carrera en Primera División
“El peor golpe recibido fue la muerte de mi esposa hace unos meses. También fue grave una operación de una hernia y no quedé bien. Desde entonces no he podido levantar cabeza”, dijo Herradora.

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Tras su retiro, Antonio Herradora se dedicó a su oficio de conductor pero su salud se deterioró y está en el desempleo. “Nadie contrata a un viejo. Así que vivo del cariño de la gente”, agrega con pesar en su voz.

Herradora nació hace 65 años en San Isidro, igual que Vicente López y César Jarquín, pero vive en La Trinidad. Su padre era albañil y su sueldo no daba para ir a la escuela. Así que el beisbol fue su salvación, pero temporal, reconoce ahora.

“Los chavalos deben priorizar la escuela. Uno no lo entiende cuando es joven, pero el beisbol es un rato y después quedás sin nada. A mí es lógico que me habría gustado tener una carrera profesional”, dijo.

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Antonio Herradora jamás se echó hacia atrás ante ningún reto. Incluso, cuando el espigado bateador cubano Armando Capiró se quiso pasar de listo y le preguntó que si era el “carga-bates” del equipo de Nicaragua en 1971, el zurdo le dijo que le contestaría sobre el terreno.

Y así lo hizo con magistrales trabajos ante el poderoso equipo cubano, con el que tropezó en el Mundial de ese año, pero lo derrotó un año después 6-5 en el Torneo de la Amistad en República Dominicana, disipando cualquier duda respecto a su carácter y también sobre sus recursos.

A sus 65 años y después de tres operaciones que le impiden trabajar, Herradora no puede tirar su curva y tampoco se puede virar a la primera base con la maestría de antes. Ahora está envejecido, enfermo, triste y casi en el abandono.

“Para ser honesto, vivo de la caridad pública. De amigos que me ayudan, de gente que me conoció cuando jugaba y de otros que han escuchado hablar de mí, pero es duro. Y como no fui a la escuela, no tengo otra opción”, se lamenta.

Para remate, su esposa, Teresa Barrera, con la que estuvo casado por 48 años, falleció hace unos meses y se siente más solo aún. No cultivó una buena relación con sus hijos y solo la menor de ellos, le mete el hombro en estos días aciagos a la gloria deportiva nacional.

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