El placer de leer un libro podría provocarle la muerte a una persona ciega, porque llegar a la única biblioteca para no videntes en el país es toda una odisea.
La Biblioteca y fonoteca Luis Braile está ubicada en el kilómetro 4.5 Carretera a Masaya, una de las vías más transitadas en la capital. Ahí, el riesgo de accidentalidad había disminuido con la instalación de un semáforo sonoro que avisaba a las personas ciegas el mejor momento para cruzar la calle, sin embargo, el semáforo se dañó y aumentó el peligro.
- El miembro de la junta directiva de la Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos (ANIA), Walter Gómez, asegura que construir un edificio accesible no está “pegado al cielo”.
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Mario José Jarquín, comunicador de la Asociación de ciegos Marisela Toledo y miembro de la comisión de accesibilidad interinstitucional, reconoció la necesidad de reparar el semáforo dañado e instalar otros en zonas conflictivas de la capital.
“Carretera Norte no tiene señales y ahí solo la muerte espera a un ciego”, dijo a modo de ejemplo Jarquín, quien también señaló la alta peligrosidad en sectores como Plaza España, la rotonda Centroamérica y las bahías de buses en la Universidad Centroamericana (UCA).
ACCESO INTEGRAL
“La accesibilidad implica sonidos, colores y textura en los materiales de construcción (…) Hay instituciones, incluso las educativas, que ponen pisos en zonas de exteriores que más bien son un atentado para la gente que por ahí pasa”, dijo el secretario académico de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), el arquitecto Javier Parés.
El arquitecto también señaló que ni siquiera la Facultad de Arquitectura de la UNI cumple con el requisito básico de tener rampas en su edificio. A pesar de eso, hizo énfasis en que la accesibilidad no debe ser considerada como un tema que solo implica la construcción de rampas y barandas de seguridad en las gradas.
“Es que las rampas también implican cierto riesgo sino son bien construidas”, explicó por su parte el ingeniero Carlos Pérez Fajardo, con más de 30 años de experiencia en el ramo estructural.
Según Pérez hay rampas que son construidas con un desnivel o inclinación tan pronunciada que una persona en silla de ruedas se regresa y puede terminar afectada seriamente. El edificio donde está la Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos (ANIA), en el sector de Bolonia, tiene una de esas rampas mortales, dijo.
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