Como prueba de que el ingenio no tiene límites a la hora ganarse la vida, este hombre carga un disfraz que es una mezcla de payaso y superhéroe. Cada día, el supermercado improvisado de los semáforos capitalinos amanece poblado con más gente que ofrece algún artículo o alguna gracia a cambio de los pesos que el cliente quiere darle.
LA PRENSA/ M. LORÍO
Rebusque
Como prueba de que el ingenio no tiene límites a la hora ganarse la vida, este hombre carga un disfraz que es una mezcla de payaso y superhéroe. Cada día, el supermercado improvisado de los semáforos capitalinos amanece poblado con más gente que ofrece algún artículo o alguna gracia a cambio de los pesos que el cliente quiere darle.