SANTIAGO/AFP
Decenas de miles de chilenos protestaron ayer por quinta vez en menos de dos meses en Santiago para exigir una mejor educación pública, en una marcha que esta vez fue autorizada por el gobierno y que volvió a derivar en incidentes con la Policía que dejaron más de 270 detenidos.
En la multitudinaria manifestación —70,000 personas según la Policía, 150,000 según los organizadores—, los alumnos iban uniformados, portando pancartas en las que señalaron que “la educación se está muriendo de hambre”, disfrazados y otros bailando.
“Yo marcho porque tengo dos hijos y no me alcanza, ellos van a terminar endeudados por muchos años y yo no quiero eso para ellos. Le pido al presidente que se ponga la mano al corazón y entienda a la gente que ya no puede pagar los créditos”, expresó Graciela Hernández.
La marcha inició en las afueras de la Universidad de Santiago y avanzó por la avenida Alameda, pero se desvió hacia el sur antes de pasar por el frente de la casa de Gobierno.
Vecinos de casas aledañas al recorrido de varios kilómetros acompañaron a los estudiantes con cacerolazos y tirándoles agua para refrescarles, en un día primaveral en Santiago.
El tono pacífico cambió casi al final, cuando encapuchados se enfrentaron con piedras y palos con agentes policiales sobre el céntrico Paseo Bulnes, a escasos metros de la casa de Gobierno. Antes, encapuchados arremetieron contra semáforos y señales de tránsito.
Agentes de fuerzas especiales dispersaron a los manifestantes con chorros de agua y gases lacrimógenos. En medio de las revueltas se registró el incendio de un automóvil y el apedreo de edificios.
Más temprano, varios puntos de Santiago fueron bloqueados por medio de barricadas montadas con neumáticos encendidos, que provocaron atascos vehiculares.
Los disturbios concluyeron con 273 detenidos, de los cuales 72 fueron en Santiago y el resto en el interior del país, según el balance del viceministro del Interior, Rodrigo Ubilla, quien además informó que 23 policías resultaron heridos en Santiago. El gobierno llamó a los estudiantes a “reflexionar” y acabar con las marchas.
Los estudiantes calificaron la marcha como todo un “éxito” y emplazaron al gobierno a dar una respuesta clara a sus demandas. Las propuestas del gobierno han sido “insuficientes” para los afectados.
Las convocatorias estudiantiles han sido las más masivas desde el retorno a la democracia en Chile en 1990, luego de los 17 años de dictadura de Augusto Pinochet, cuyo régimen redujo a menos de la mitad el aporte público a la educación y promovió su privatización.
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