Todos los días Olga Bendaña tiene que gritar fuerte para que los 26 niños que atiende en el segundo grado, del colegio comunitario Jezreel, la escuchen.
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Ella es profesora comunitaria, gana 500 córdobas mensuales y cada día debe lidiar con el calor y el ruido que provoca el hacinamiento en el que unos 185 niños aprenden a leer y escribir.
El colegio Jezreel se improvisó desde 2007 en una casa situada en el barrio La Primavera, en Managua. Actualmente ofrecen las modalidades de preescolar y primaria.
Tanto los alumnos de preescolar como los de primaria están apiñados porque no hay más espacio para cumplir con la orden del Ministerio de Educación (Mined) de “librar la batalla por el sexto grado de primaria incluso en casas, iglesias y casas comunales”.
“Aquí (en la escuela) tenemos primero y segundo grado en una sola aula de clases y los otros grados están divididos con murales de biombo pero están en un solo salón”, dijo Bendaña.
El estudiante Walter Francisco Herrera, de 11 años, no puede levantarse libremente de su pupitre porque en el aula de clase de segundo grado no hay espacio suficiente para la movilización de los 26 alumnos.
“Es difícil porque no hay condiciones. Pero se hace lo posible para atender la demanda escolar del barrio (La Primavera). El Mined no nos da ni los materiales didácticos”, afirmó la directora del colegio, Antonia Avendaño.
El Mined únicamente visitó el colegio Jezreel en febrero pasado, cuando cada escuela debía reportar la matrícula oficial del año escolar 2011 y abonar a la batalla por el sexto grado, de acuerdo con Avendaño.
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