El incidente vivido por el jefe de Redacción de LA PRENSA, Eduardo Enríquez, el pasado 1 de agosto ha sacado a luz diferentes testimonios de personas que han sufrido la prepotencia de la escolta del presidente de facto del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes.
Ayer, el ingeniero Jaime Chamorro Cardenal, director de este rotativo, recibió por correo electrónico el testimonio de la señora Martha Lorena Icaza en la que relata la situación vivida por su hijo a manos de los escoltas de Rivas Reyes.
Transcribimos íntegra la comunicación de la señora Icaza:
Estimado Don Jaime:
Motivada con la noticia de lo sucedido a Eduardo Enríquez por los escoltas del señor Roberto Rivas Reyes, le escribo este correo para contarle que una situación similar le sucedió a mi hijo, Ricardo Martínez Icaza, exactamente en el mes de agosto del año pasado, cuando viniendo de su trabajo y circulando por la Carretera de Masaya a Managua al llegar a la altura del kilómetro en donde se encuentra ubicada la casa de habitación del señor Rivas Reyes, coincide con la caravana que le acompaña teniendo que continuar detrás de la misma hasta llegar a la segunda entrada a Las Colinas, en donde un carro de la escolta le invade el carril, lo intercepta y lo choca.
En tales circunstancias, lo obligan a bajarse del vehículo, lo apuntan con armas de guerra y lo quieren obligar a entregar el carro a lo que mi hijo se negó y lo obligaron a trasladarse a la Estación V de la Policía. Al llegar ahí fue recibido de forma agresiva no permitiéndole declaración asistido de abogado, ya que lo condicionaron a que solamente podía declarar si estaba en cuarto aislado con la presencia de los escoltas del señor Rivas, a lo que mi hijo se negó.
Como es de esperarse, tres días después aparece un croquis declarándolo responsable del choque y aduciendo de que se consideraba atentado transitar detrás de la caravana del ingeniero Roberto Rivas.
Desde el punto de vista técnico, la actuación de la escolta en estos casos es violatoria de las normas policiales, puesto que si el escoltado ya ni se encuentra en el lugar no se justifica que los primeros tengan una actitud agresiva contra ciudadanos desarmados.
Si usted desea hacer esto del conocimiento público tiene mi autorización, ya que es importante que la ciudadanía tenga cuidado cuando se encuentre en esta caravana porque es segundo caso que mucha gente conoce ¿y cuántos habrán que no conocemos?
Creo que mi hijo se salvó de un caso parecido al de Jean Paul Genie porque el hecho sucedió a las 10:00 a.m. y en un lugar muy transitado. ¿Tendremos que esperar otro caso igual?
Con aprecio,
Martha Lorena Icaza
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