GUATEMALA/AP
El Tribunal de Alto Impacto de Guatemala sentenció ayer a penas de 6,060 años de prisión contra Manuel Pop Sun, Reyes Collin Gualip, Daniel Martínez y Carlos Carías, los cuatro militares que masacraron en 1982 a 201 campesinos de la comunidad Dos Erres, en Petén, al norte del país, en una de las atrocidades cometidas en el país durante la guerra de 36 años (1960-1996).
Carías estaba a cargo de un destacamento cercano a la comunidad y entregó información que fue determinante para ejecutar la matanza, con el agravante de que “se apropió de los enseres de los pobladores, aprovechó el peligro común y la calamidad por la que pasaban los pobladores de las Dos Erres, quienes fueron masacrados”, señaló el tribunal en el fallo.
La sentencia fue emitida así: treinta años por cada muerte, más treinta años por el delito contra los deberes de humanidad. Carías tuvo la misma condena con seis años adicionales por el delito de hurto.
El código penal guatemalteco estipula que la máxima pena que un reo puede cumplir en reclusión es de 50 años. El Tribunal expresó que la masacre se dio con alevosía porque los autores llegaron por la madrugada y los pobladores no tuvieron ninguna oportunidad de defensa, fue planificada y hubo ensañamiento porque el exterminio llegó al extremo de “desaparecer a la población del mapa geográfico”.
ASÍ SUCEDIERON LOS HECHOS
El 7 de diciembre de 1982, 17 kaibiles, como se denomina a los comandos élite del ejército, ingresaron a la Dos Erres apoyados por 40 militares que resguardaron el perímetro, según el expediente judicial. Los soldados buscaban 21 fusiles que el 22 de octubre de 1982 la guerrilla había robado al Ejército en una emboscada, un incidente que desató sospechas respecto a la lealtad de los lugareños.
Al incursionar, los militares sacaron a los pobladores de sus casas, los separaron por sexo. A los hombres los llevaron a la escuela de la comunidad y a las mujeres a la iglesia. Antes de matarlos, a unos los torturaron y a las féminas las golpearon y violaron.
Sobrevivientes y familiares lloraron al escuchar el fallo, aplaudieron y se pusieron de pie. Parientes y partidarios de los condenados le gritaron al tribunal que estaba parcializado.
“(…) No éramos delincuentes, yo vi cuando mataban a la gente, a nosotros nos tuvieron durante cinco horas hincados, metían sus fusiles en nuestra boca amenazando con matarnos porque les pedíamos que no mataran a los demás”, expresó Raúl Gómez, uno de los sobrevivientes que compareció como testigo.
Inconforme con lo resuelto, Pop Sun dijo que era inocente. Carías sostuvo que “con gusto pongo de nuevo el pecho por la institución honrosa que es el Ejército, no es justa esta sentencia, somos inocentes”.
Varios militares están pendientes de captura. Al menos tres fueron arrestados en Estados Unidos y Canadá en fechas recientes y se espera que sean extraditados a Guatemala para que respondan ante la justicia respecto a su presunta implicación en la matanza.
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