Por Ian MacDougall y Karl Ritter
OSLO/AP
El extremista antimusulmán que confesó ser el autor de un bombazo y de la masacre en un campamento juvenil que dejaron 77 muertos en Noruega dijo a investigadores que también consideró otros blancos vinculados al gobierno o al Partido Laborista, informó este sábado la policía.
Durante un interrogatorio de 10 horas efectuado el viernes, Anders Behring Breivik preguntó a los agentes cuántas personas había matado en los ataques del 22 de julio y «no mostró emoción alguna» cuando le dijeron la cantidad, manifestó el fiscal de la policía Paal-Fredrik Hjort a reporteros en Oslo.
El noruego de 32 años ha confesado haber hecho estallar un auto bomba que dejó ocho muertos en el centro de Oslo y de balear a decenas de jóvenes del gobernante Partido Laborista en su retiro anual en una isla al noroeste de la capital. Sesenta y nueve de ellos murieron.
Kraby dijo que Breivik había considerado atacar otros blancos «del gobierno y del Partido Laborista». La policía ha dicho que planeó todo meticulosamente y actuó solo.
El fiscal se negó a confirmar un reporte publicado por el tabloide noruego VG en el que se decía que Breivik había señalado al Palacio Real y a las oficinas centrales del Partido Laborista como blancos potenciales. El periódico no mencionó sus fuentes.
«Eran blancos que uno diría son naturales para un ataque terrorista», dijo Kraby a reporteros.
Breivik publicó un manifiesto de 1.500 páginas antes de los ataques en el que despotrica contra los musulmanes y contra la élite política de izquierda, a la que acusa de destruir la herencia cultural de Europa y de permitir una inmigración descontrolada.
Las autoridades noruegas dicen que Breivik no figuraba en su base de datos de extremistas de derecha y que parece haber preparado sus ataques durante años sin haberle dicho a nadie. No han hallado evidencia que apoye su afirmación de que forma parte de una red militante de cruzados modernos que preparan golpes de Estado en Europa.
Noruega comenzó a enterrar a los muertos el viernes. Los ministros del gabinete rindieron honores a las víctimas en servicios fúnebres realizados tanto en iglesias como en mezquitas. El primer ministro Jens Stoltenberg hizo un llamado a la unidad étnica y religiosa para hacer frente a la tragedia más grande en tiempos de paz en la historia de Noruega.