Atesoramos con especial esmero, la imagen que muestra a Alexis Argüello con su puño extendido al cielo, tras su épica victoria sobre Rubén Olivares en 1974, así como preservamos el efusivo abrazo de Denis Martínez con sus compañeros tras su Juego Perfecto en 1991.
¿Y qué me dice de la imagen que muestra a Rosendo Álvarez, observando en el piso, a Ricardo “Finito” López, luego de tumbarlo con un poderoso volado de derecha en la Plaza de Toros , México, en 1998?
Fue espectacular y resultó difícil sujetar las emociones en medio de tan estupenda exhibición.
¡Qué clase de peleador era ese Rosendo! Valiente hasta la temeridad. Poderoso como búfalo. Incisivo como abeja. Y aunque su potencial era para más, lo que logró no fue sencillo. Atrapó dos coronas mundiales y las defendió con decoro. Y cuando salió del ring, fue por desenfoque, no por falta de calidad.
Delante de Rosendo, solo Argüello. Vamos a ver qué clase de historia escribe Román González, quien tiene el material para brillar; pero por ahora, Álvarez lo aventaja. El nivel de sus oponentes y su derroche de agallas lo tienen solo detrás de Alexis.
Los combates que lo llevaron a sus títulos ante Chana Porpaoin y “Beibis” Mendoza respectivamente, más sus duelos ante Kermín Guardia, Takeshi Shiohama, Kenta Sato, Pitchit Siriwat y sobre todo, las batallas con el “Finito”, mostraron a un Rosendo de alto nivel.
Nos hubiera gustado verlo con un tercer cetro, su vida económica resuelta, rodeado por su familia y admirado por los fanáticos. Pero escogió una ruta distinta y ahora que será exaltado al Salón de la Fama Nacional, no nos queda más que agradecerle por las emociones que ofreció. Fueron muchas.
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