Como “una gran ola de miedo” catalogó Teresa Valle, originaria de Managua, la explosión y la masacre del pasado sábado en la que murieron al menos 93 personas en la capital noruega, Oslo, y la cercana isla de Utoya.
“El país no sale del asombro porque no están acostumbrados a tanta violencia”, dijo por su parte Martha Sánchez, originaria de Estelí.
Ambas nicaragüenses trabajan en hospitales públicos, Valle es ginecóloga y Sánchez otorrinolaringóloga. Cuentan que la noticia ha estremecido a ese país, acostumbrado a la calma, y que no experimentaba tales niveles de violencia desde la segunda guerra mundial.
Valle vive en Levanger, una ciudad a 600 kilómetros al norte de la capital. Una enfermera, compañera de trabajo tenía un hijo en la isla de Utoya y le llamaba por teléfono relatándole la presencia de un hombre disparando con una metralleta o un arma automática. La madre angustiada le recomendó a su hijo esconderse en el bosque. Afortunadamente salió ileso.
Sánchez señala que el ambiente es trágico y la sensación es de negación ante lo que sucede. Mientras, los medios nos hablan de otra cosa, al igual que la gente en la calle. Señala que al inicio sintió incomodidad por la idea de que fuese un extranjero y como serían vistos en ese país.
“Los noruegos no están acostumbrados a ver tanta violencia, los que hablan han reaccionado de una manera muy fuerte, nadie lo puede creer. Mañana hay un minuto de silencio y el país no sale del asombro, por eso, todavía no se ha dicho lo último”, consideró Sánchez.
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