Agencias.- Perseguidos y acribillados, ésta fue, durante dos horas, la suerte de decenas de jóvenes noruegos muertos por disparos de un hombre de 32 años que disfrazado de policía, les hizo señas para que se acercaran antes de dispararles.
De esa manera, convirtió la isla de Utoya, Oslo, en un verdadero infierno en el que perecieron 84 personas, antes habría asesinado a otras siete con la explosión de una bomba en un barrio, cerca de la sede del gobierno en Oslo.
Al hombre armado se le veía “muy seguro, tranquilo y bajo control (…), sabía lo que hacia(…) nos dijo a gritos que todos moriríamos”, relató Adrian Pracon, uno de los testigos del atentado en la isla.
Al producirse los primeros disparos hacia las cinco de la tarde, casi 600 personas, en su mayoría jóvenes, se encontraban en esta pequeña isla, cercana a Oslo, para participar en un campamento de verano de la juventud del partido Laborista.
- El sospechoso de los ataques de Oslo, en los que murieron al menos 92 personas, Anders Behring Breivik, admitió su responsabilidad, indicó su abogado al canal de televisión noruego NRK .
Anders Behring breivik es un fundamentalista cristiano noruego de 32 años cercano a la extrema derecha, aficionado a la caza y a los videojuegos, que habría mantenido contactos con ultraderechistas y neonazis.
Aunque el eurodiputado del partido ultraconservador francés Frente Nacional (FN), Bruno Gollnisch, puso en duda que el presunto autor de la matanza de Noruega sea de ultraderecha y le vinculó con la masonería.
En sus actividades no evoca ninguna actividad religiosa, sino únicamente su pertenencia a la francmasonería, agregó Gollnisch.
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“De repente, escuchamos disparos detrás de una colina”, cuenta Khamshajiny Gunaratnam, quien sobrevivió huyendo a nado de la isla. “Nos dijimos: pero bueno, ¿Quién está cazando aquí? Solo podía ser un cazador”, cuenta en su blog.
Vestido con un chaleco de la policía, el atacante, un rubio de 1.90 metros, identificado por la prensa noruega como Anders Behring Breivik, atrajo primero a sus víctimas haciéndoles creer que quería protegerlas y darles informaciones importantes, según varios testigos.
“Vengan aquí, tengo informaciones importantes, vengan, no hay nada que temer”, dijo antes de abrir fuego, según Elise, una adolescente de 15 años interrogada por la agencia NTB.
Escondida bajo una roca, la adolescente se echó al suelo a unos pasos del atacante, del que podía escuchar la respiración. “La gente corría por todas partes, como locos. No paraba de disparar”, dijo.
Los jóvenes militantes laboristas estaban al tanto del ataque de la bomba en el barrio de Oslo, puesto que acababan de asistir a una sesión de información sobre el asunto.
La isla, sembrada de tiendas de campaña de colores, pasó súbitamente de ser “un paraíso” a ser «un infierno», según el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, que la visita cada verano desde 1974.
Adrian Pracon, que recibió un disparo en el hombro izquierdo, contó desde el hospital a la cadena australiana ABC que “disparaba a la gente desde una distancia corta, y empezó a dispararnos a todos. Se puso a unos diez metros de mí, y disparó a la gente que estaba en el agua”.
“Tenía un fusil M16 (…) Cuando lo vi desde un lado gritando que nos iba a matar, parecía sacado de una película de nazis o algo así”, añadió el joven de 21 años.
“Empezó a dispararle a esa gente, así que me eché al suelo y fingí que estaba muerto. Se puso a unos dos metros de mí. Podía oírlo respirar. Sentía el calor de su arma”.
“Comprobaba cómo estaba cada uno, les pegaba una patada para ver si estaban vivos, o simplemente les disparaba”.
DESESPERADOS
En un largo post publicado en su blog, Khamshajiny “Kamzy” Gunaratnam, cuenta los esfuerzos desesperados que hizo con sus compañeros para esconderse, esquivar al atacante, y huir de las balas corriendo entre las rocas y los arbustos.
“Corríamos y corríamos. Lo peor es cuando supe que quien disparaba estaba vestido de policía. ¿En quién debíamos confiar? Si llamamos a la policía ¿Sería él quien vendría en nuestra ayuda?”, escribía esta joven de 23 años.
“Pese a todo, llamamos a la policía. Pero demoraron muchísimo, unos 40 minutos”, recuerda.
Sólo después de las siete de la tarde llegó en helicóptero un comando de la policía noruega, que capturó al sospechoso.
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