Luis Vega Miranda

Doscientos años de lucha por la Independencia

La celebración del bicentenario de la Independencia de la República de Méjico el año pasado, nos dio una lección de civismo y fervor patrio. Gracias a la magia de la televisión pudimos apreciar los eventos que el Gobierno central, los poderes del Estado y el pueblo mejicano exaltaron con despliegue precioso de arte y cultura, y sobre todo de unión de voluntades, dentro de su diversidad racial, social, económica y política. Solo se vio ondear la bandera tricolor que identifica a ese gran país al grito de: “Viva Méjico” y sus héroes, empezando por el cura Miguel Hidalgo, quien la madrugada del 16 septiembre de 1810 proclamó el inicio de la revolución independentista de Méjico de la Corona española, tocando las campanas a rebato y blandiendo el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Un sentimiento general de descontento existía en Centroamérica contra los gobernadores españoles, tanto de los descendientes de estos, los criollos, como de los mestizos, indios y negros. Tres siglos de colonización y de explotación de la riqueza del Nuevo Mundo tenían a las clases pudientes y no pudientes en un estado tal de desesperación que los brotes de insurrección surgieron en el Continente. En Centroamérica el ejemplo del cura Hidalgo no esperó mucho. El 5 de noviembre de 1811 estalla el primer movimiento revolucionario en El Salvador, acaudillado por los hermanos presbíteros Manuel, Vicente y Nicolás Aguilar, entre otros, pero la Capitanía General de Guatemala impuso un arreglo que los salvadoreños tuvieron que aceptar.

En diciembre de 1811, Nicaragua se subleva en tres ciudades: León, Rivas y Granada, siendo esta última la más sangrienta. León despierta el día 13, los nacionales de toda clase rodearon el Ayuntamiento exigiendo la deposición de los funcionarios peninsulares, llamados cachupines, aceptando solo la autoridad del obispo Nicolás García Jerez. Este, un político astuto y monarquista hasta lo huesos (lo veremos años después firmar el Acta de los Nublados) logró calmar los ánimos del pueblo insurrecto aceptándoles sus peticiones, pero con el propósito de ganar tiempo para reunir tropas esperando fuerzas de Guatemala; que llegadas disolvió la formada Junta Provisional y asumió su nombramiento de Gobernador.

El 22 de diciembre la ciudad de Granada se insurrecciona, encabezaban al pueblo el alcalde Juan Argüello y el regidor Manuel Antonio de la Cerda, dispusieron convocar un Cabildo abierto exigiendo que los empleados españoles abandonaran sus cargos, lo que hicieron todos y se refugiaron en Masaya. Se reorganizó el Ayuntamiento quedando compuesto por criollos. En la noche del 23 de diciembre los vecinos de la villa de Rivas también se levantaron contra las autoridades hispánicas y nombraron una Junta Gubernativa; como en León y Granada, exigieron rebajas de impuestos, supresión de monopolios y abolición de la esclavitud.

El capitán general Bustamante ordenó que las milicias de Cartago marcharan sobre Rivas, las de San Miguel hacia León y las de Olancho a Granada (Sofonías Salvatierra). El sargento mayor Pedro Gutiérrez fue mandado a pacificar el territorio, marchó sobre Granada que se atrincheró y emplazó sus cañones (abril 1812). Se abrieron los fuegos y se combatió todo el día, corriendo la primera sangre patriótica nicaragüense (Gámez). Los granadinos ante la superioridad armada solicitaron la paz. Gutiérrez acordó con los insurrectos no hacerles proceso y los dejó en libertad. Pero Bustamante no aceptó el convenio y por medio del obispo García Jerez mandó a encarcelar a todos los cabecillas. Juan Argüello y Antonio de la Cerda fueron condenados a muerte, conmutada a perpetua en las mazmorras de España, donde se volvieron enemigos. Liberados para las bodas de Fernando VII en 1817, protagonizaron la guerra civil de 1827. La Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812 así como las ideas de la Ilustración, abrieron camino a la Independencia de las Provincias de Centroamérica en 1821.

A doscientos años de aquellas aventuras conspiradoras, ¿Nicaragua ha logrado la independencia total? ¿Qué clase de independencia hemos conseguido? Si independencia es forjar nuestro propio destino en democracia y libertad y no estar sometido a un amo, que no a otro país, pero sí bajo dictaduras personales o de partidos, la verdadera independencia es todavía una tarea pendiente. Los revolucionarios de 1811 siempre serán una referencia válida.

El autor es abogado y presbítero anglicano

COMENTARIOS

  1. Renee Zambrana Granja
    Hace 15 años

    Es reconfortante que de vez en cuando veamos hacia el pasado y tomemos conciencia de lo que hicieron nestros compatriotas en esa época para sacudirse de los invasores, y abrir el camino hacia la independencia como lo dice el Sr. Luis Vega Miranda, y que bueno que tome como referencia la independencia de Mexico en la celebración del Bicentenario del inico de la independencia de la República Mexicana. El amor de los mexicanos por su MEXICO LINDO
    es incomparable. Esa es la unión que necesitamos

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