El 10 de marzo del año pasado publiqué en este mismo espacio que, tal como se desarrollan los acontecimientos en Nicaragua, todo parece indicar que estamos frente a dos derechas: una oportunista y tiránica (encabezada por el FSLN de Daniel Ortega), y otra torpe (dirigida por los liberales constitucionalistas en la oposición).
Escribí ese día que es increíble cómo los liberales vienen entregando el poder desde hace varios años a través del pacto libero-sandinista.
Hoy, de lo que me ocupo es de la derecha torpe que no sólo la integra el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), sino los demás partidos y alianzas que abonan al estancamiento del país. Y a esto hay que sumarle la actitud oportunista de muchos empresarios que manejan varios discursos con tal de estar bien ellos, sus allegados y su capital, y que la mayoría de la gente que consume sus productos vea que hace frente a un régimen dictatorial. No les importa. El pueblo debe tomar nota una vez más de la actitud de estos empresarios que lo abandonan en momentos duros.
Inevitablemente, para muchas personas que no logran percibir las patrañas del partido de la violencia (el FSLN), las migajas que lanza el orteguismo son suficientes como para inclinarse a votar por el inconstitucional candidato Daniel Ortega, y no ven más allá, un verdadero desarrollo del país con un cambio hacia la democracia.
El expresidente Arnoldo Alemán Lacayo, don Fabio Gadea, Enrique Quiñónez, el Partido Conservador unido y quienes deseen la democracia, deberían de estar juntos contra el totalitarismo orteguista, y no en pleitos y haciendo añicos la cada vez más destruida imagen de oposición que dicen tener.
Nicaragua atraviesa momentos difíciles y de elegir a Ortega, el país afrontará serias consecuencias. La derecha de este país debe entender que está en juego, por encima de sus intereses mezquinos y torpes, el sistema democrático, el futuro del pueblo y el restablecimiento de los derechos fundamentales aplastados por el régimen actual.
Hay que recordar que el régimen actual sigue implementando sus técnicas de manipulación del pasado (con dinero y corrupción) para mantener el dominio y el control sobre las personas.
El FSLN maneja muy bien la estrategia de la distracción, creando problemas para después ofrecer soluciones gradualmente hasta hacer aceptar una decisión impopular como algo “doloroso pero necesario”. Ortega ve al pueblo como personas de poco pensar, utiliza el aspecto emotivo en vez de la razón, fomenta en la gente la ignorancia, estimula a sus seguidores a ser complacientes con la mediocridad y hace creer al “pueblo presidente” que es moda ser violento, con lo que finalmente controla los espacios de poder para darle legalidad a su régimen corrupto.
Por todo lo anterior es que urge la unidad por encima de torpezas de la derecha para restablecer la democracia.
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