El cuido de las tortugas en tierra ya no es suficiente para proteger a esta especie en peligro de extinción. LA PRENSA/archivo

Tortugas buscan costas bajo amenaza

Es julio. De aquí a noviembre, las arribadas de tortugas en las playas de La Flor y Chacocente harán que eclosionen hasta dos millones de tortuguillos, según datos de Fauna y Flora Internacional. Solo una de cada mil llegarán a ser tortugas adultas.

Es julio. De aquí a noviembre, las arribadas de tortugas en las playas de La Flor y Chacocente harán que eclosionen hasta dos millones de tortuguillos, según datos de Fauna y Flora Internacional. Solo una de cada mil llegarán a ser tortugas adultas.

Pero no todas tendrán la oportunidad de salir de las entrañas de su madre. Algunas jamás sentirán el calor de la arena porque a su mamá, una tortuga de 30 años o más, la capturarán en alta mar, la partirán con pequeños machetes, le sacarán los huevos, y la lanzarán al agua para que ahí termine de morir.

“Lamentablemente es una práctica frecuente, documentada en el Pacífico de nuestro país, pero no existen datos estadísticos concretos, porque no existen programas de monitoreo enfocados en este problema”, aseguró José Urteaga, coordinador del Programa Nicaragua, de Fauna y Flora Internacional.

A la práctica de capturar a la tortuga en altamar para sacarle los huevos y desecharla se le conoce como “capeo”.

Se trata de una actividad cómoda para los que la realizan, ya que no hay forma de detenerlos, y pueden deshacerse de cualquier prueba en cuestión de segundos, sin dejar rastros.

Las observaciones se dan cuando algunos pescadores reportan las tortugas muertas, o turista o investigadores que se embarcan las ven y lo reportan, o cuando las corrientes y mareas arrastran los cuerpos sin vida de las tortugas hacia playas donde hay proyectos de protección de nidos”, afirmó Urteaga.

En enero de este año, el “exhuevero” Jimmy Amador relató cómo piensa el pescador cuando captura una tortuga con huevos o la encuentra atrapada en la red de pesca.

“La agarraba en el mar para sacarle los huevos y la tiraba con el gran hoyo debajo de la paleta (pata)… uno ve la tortuga con un hoyo en la paleta, echando sangre y boqueando… pero uno solo piensa en el dinero”, dijo Amador, quien ahora, arrepentido, se dedica a cuidar los huevos de tortugas.

Urteaga calificó el hecho del capeo como “doblemente repudiable”, porque se trata de una actividad ilegal, pero también irresponsable.

“En Nicaragua hay miles de pescadores que basan su sustento en la pesca. Gente muy esforzada que contribuye al sustento de sus comunidades y a garantizar la producción pesquera de nuestro país. Sin embargo unos pocos individuos, con menos conciencia y también pescadores, realizan estas actividades, comprometiendo la imagen y autoestima del resto de sus compañeros pescadores”, explicó el especialista.

Según Fauna y Flora Internacional, los sitios donde más se observa esto es en las cercanías de las playas de anidación Flor, Chacocente, Salamina, Juan Venado, entre otras.

El capeo golpea con sigilo la economía costera.

Nacionales amenaza Chacocente Costa tortugas archivo

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. Niña Victima de los Ochenta
    Hace 15 años

    Ay Wilder usted si que me sacó lagrimas con este reportaje. No sabía que en pleno siglo XXI la gente siguiera prácticas tan bajas. Gracias a Dios que yo no como huevos de tortuga. Del mar solo como pescado.
    Hay que concienciar a los pescadores para que sean mas humanos, mas cuidadosos porque una cosa es matar por hambre, y otra es matar con todo lujo de crueldad aunque estemos con hambre.
    Pobrecitas tortugas!.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí