Por Maria Antonova
SOCHI, Rusia/AFP
Rusia y la OTAN continúan discrepando sobre la interpretación de la resolución 1973 de la ONU, que autorizó las incursiones aéreas en Libia, indicó el lunes en Sochi el canciller ruso Serguei Lavrov al término de una reunión celebrada con la Alianza Atlántica, en la que participó el presidente sudafricano Jacob Zuma.
Lavrov y el presidente ruso Dmitri Medvedev participaron en Sotchi, ante el mar Negro, en una reunión del Consejo Rusia-Otan a nivel de representantes permanentes, con el secretario general de la Alianza Anders Fogh Rasmussen y los embajadores de los 28 Estados miembros de la organización.
Más temprano Jacob Zuma, partidario como Rusia de una resolución pacífica del conflicto, se reunió con Medvedev y ambos expresaron su voluntad de hacerse escuchar ante la OTAN.
«Me gustaría que (los representantes de la OTAN) comprendan, a la vez de mi parte y tal vez de la suya, señor presidente (Zuma), lo que pasa en ese país», en Libia, declaró el presidente ruso. Ambos buscan desempeñar un papel mediador en el conflicto.
La semana pasada, la Unión Africana adoptó un texto que debe servir de base a negociaciones futuras entre las partes libias.
«Por el momento, no tenemos la misma visión que la OTAN del modo de aplicar esta resolución», declaró Lavrov, en rueda de prensa, refiriéndose a la resolución 1973.
«Consideramos que el embargo en materia de armas no deja lugar a dudas» en el texto de dicha resolución, estimó. Por lo tanto, «cualquier entrega de armas constituye una violación de la resolución», agregó. «Ellos opinan distinto», pues para la OTAN «la resolución permite que cada cual haga lo que le parezca», indicó.
En cambio, el secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen afirmó que «la entrega de armas se realizó en el marco de la protección de los civiles y de sus posibilidades de defenderse ellos mismos de los ataques», dijo. «Hasta hora, hemos aplicado con éxito la resolución», aseguró.
El Estado Mayor francés confirmó a fines de junio que aviones franceses largaron paracaídas con armas livianas para los rebeldes libios y la población, a comienzos del mes pasado en la montañas de Yebel Nafusa.
Tras esta confirmación, Rusia pidió explicaciones a Francia sobre el suministro de armas.
Interrogado el 1 de julio al respecto, el canciller francés, Alain Juppé, de visita en Moscú, declaró: «Nos ubicamos exactamente en el marco de las resoluciones del Consejo de Seguridad».
Los presidente ruso y sudafricano, Dmitri Medvedev y Jacob Zuma podrían hacer una declaración común llamando a la OTAN a cesar su ataques aéreos contra el régimen del coronel Gadafi, según responsables sudafricanos que pidieron mantener el anonimato.
Sudáfrica había anunciado el domingo la visita a Rusia de su presidente después de la cumbre de la Unión Africana en la que se adoptó un texto que debe servir de base a negociaciones futuras entre las partes libias.
El texto prevé separar al coronel Gadafi de las negociaciones, pero rehusando al mismo tiempo que se aplique el mandato de arresto de la Corte Penal internacional contra el dirigente libio por crímenes contra la humanidad.
El documento no llama explícitamente al coronel Gadafi a ceder el poder y prevé el despliegue de una «fuerza de mantenimiento de la paz».
El domingo, los rebeldes rechazaron este acuerdo marco pues «no incluye la salida de Gadafi, de sus hijos y de su entorno cercano», explicó Abdel Hafiz Ghoga, uno de los portavoces.
En junio, el presidente Medvedev envió un emisario a ese país para conversar con los dos beligerantes.
De su lado, a fines de mayo, Jacob Zuma, cumpliendo un mandato de la Unión Africana, viajó a Trípoli para reunirse con Muamar Gadafi y tratar sin éxito una mediación.
En febrero, Rusia se abstuvo de oponer su veto a la resolución 1973 en el Consejo de seguridad que dio lugar a la intervención occidental en Libia, pero luego denunció la interpretación que de ella hizo la OTAN.