- “Ahora que ya tenemos los estatutos es probable que tomemos medidas. No se ha decidido aún, pero tal vez no los expulsemos, pero los beneficios que se le han estado dando y que lo utilizan para venderlos se les van a suprimir”, explicó Porfirio García, presidente de la UNAM y el rostro más visible de los ancianos a lo largo de las protestas.
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- Ayer por la mañana los jubilados adscritos a la UNAM volvieron a marchar por la capital.
También marcharon para agradecer al presidente Daniel Ortega por todos los beneficios que les ha otorgado, dicen, como es el mensual de mil córdobas y el paquetes alimenticio.
En la actividad participaron delegaciones de León y de los municipios de Ciudad Sandino y Tipitapa.
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Este fin de semana podría ser el último paquete alimenticio que don José (nombre ficticio) llegue a retirar a la sede de la Unidad Nacional del Adulto Mayor (UNAM), en el centro de salud de Villa Venezuela, al sureste de la capital.
Como suelen hacerlo a diario muchos ancianos, don José llegó a la asociación y se afilió después de llenar la hoja de solicitud, donde explicó que estaba desempleado y residía cerca de las oficinas de la UNAM en una vivienda donde alquila unos cuartos que le “sirven” para mantenerse.
Al transcurrir el tiempo, se convirtió en una de las 3,386 personas que mensualmente reciben el paquete alimenticio.
Todo le marchaba bien a don José hasta que otros miembros de la UNAM lo sorprendieron en la calle, vendiendo el paquete.
Como él, otros ancianos están haciendo lo mismo. ¿Las razones? Según Porfirio García, presidente de esa organización, es que tienen serios problemas con el alcoholismo, por lo que están analizando la situación para ver si les suspenden la ayuda.
“Nosotros se lo entregamos al afiliado, pero este es alcohólico y en vez de utilizarlo para alimentarse, lo que hace es fomentar el vicio. Los venden por las botellas de licor que les ofrecen, puede ser bastante o poquito, lo entregan por lo que sea”, explicó García.
IDENTIFICADOS
Según el líder de los jubilados, al ampliar las investigaciones que surgieron precisamente de las denuncias del resto de miembros, lograron identificar a las personas que los están vendiendo.
“Son unas 25 personas, son repetitivas y las tenemos identificadas, pero preferiría no dar a conocer esos nombres. Lo que te puedo decir, es que son las más exigentes cuando vienen a retirarlos”, indicó el líder de los jubilados.
Además de estos casos, la junta directiva de la UNAM detectó otros que también le preocupan, como es el hecho de que algunos hijos de los abuelos beneficiados están “cachándole” la comida a sus afiliados.
De acuerdo con Leonila Mendoza, vicepresidenta de esa organización, la manera en que están haciéndolo es mediante la sustracción de sus cédulas. Supuestamente, cuando los ancianos se descuidan, les roban sus documentos de identidad y luego llegan a retirar los alimentos.
No obstante, dijo, que están tomando medidas para que esto no siga ocurriendo. “Nosotros lo que hemos estado haciendo es entregarlo personalmente al afiliado, cuando no puede hacerlo, entonces manda a un representante, pero este debe traer una cartita hecha a mano y con la cédula para dárselo. Si no traen ambas cosas, no lo entregamos por mucho que insistan”, explicó Mendoza.
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