A inicios del 2011 el diario El País de España publicó un artículo basado en un estudio realizado por la segunda firma de servicios profesionales del mundo: PricewaterhouseCoopers (PwC), titulado “El mundo en 2050”, en donde textualmente su economista en jefe, John Hawksworth, asegura que la magnitud del cambio que prevé que experimente la humanidad en las próximas décadas dado: “El renovado dominio de las economías de China e India en 2050, con su enorme población, constituye un regreso a la situación histórica previa a la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII, que provocó un desplazamiento del poder económico desde Asia a Europa occidental y Estados Unidos”.
Vaticina que el PIB de grupo conocido como E7 (China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, México y Turquía) superará en seis años al del G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá) y casi lo duplicará en 2050. Actualmente el PIB del llamado E7, equivale al 72 por ciento del PIB del G7. Es así, como nos encontramos en el inicio de lo que algunos expertos llaman el siglo de los países emergentes.
Hoy podríamos comparar Brasil con la España de mediados de los ochenta. En 1985, cuando Barcelona fue elegida como sede de los Juegos Olímpicos de 1992, la economía española salía del estancamiento económico provocado por crisis sucesivas de dos décadas previas. Treinta y un año después, Río de Janeiro será la próxima sede de los Juegos Olímpicos del 2016 (el primero en Sudamérica), después de un repunte económico importante, tras los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva.
En la esfera empresarial se ha cuadriplicado la presencia en clasificación Global 500 de las mayores empresas del mundo por ventas, de la revista norteamericana Fortune , provenientes de los países emergentes, desde 1995 a la fecha.
A pesar de estos logros a nivel macroeconómicos persisten aun problemas de otra índole, como la migración, la informalidad, el crimen organizado y la disfuncionalidad de la familia nuclear y de la sociedad en su conjunto. En el 2010 murieron más personas por la delincuencia y el crimen organizado en Latinoamérica, que en las dos guerras de Irak y Afganistán.
Somos junto a África el continente más desigual del mundo. Esto lo ejemplifica el Banco Mundial, al señalar que en México, el 10 por ciento más rico de la población acapara el 41.3 por ciento del ingreso nacional, mientras que el 10 por ciento más pobre, solo tiene acceso al 1.2 por ciento del mismo, no estando exenta Nicaragua de esta situación de desigualdad en el ingreso nacional.
Otro problema relevante es el alza desmesurada —a niveles mayores que en el 2008— de los precios de los commodities. Esto es debido a que se han incorporado a la economía cientos de millones de chinos, indios y brasileños, que antes comían solo una sola vez al día y no podían comprarse un carro o una casa, revirtiendo ahora esta situación, elevando la demanda y por ende los precios de las materias primas y alimentos
Si se incorporan 2 billones más de personas al mercado mundial, en los próximos 20 años, ¿cuánto van a costar los granos para alimentar al ganado necesario para dar de comer a todas estas personas? ¿Cuánto va a valer el agua para que todos estos habitantes puedan beberla? ¿Cuál será el costo de los fertilizantes para que los campos puedan producir eficiente y productivamente, de tal forma que puedan satisfacer a la nueva demanda mundial? ¿Cuánto costará el acero que se necesitará para fabricar coches para estas personas que antes no podían comprarlos? ¿Cuánto metal se necesitará para producir línea blanca y equipar todos los nuevos hogares que se requerirán? y ¿Cuántas varillas de hierro se requerirán para construir las viviendas? ¿Qué vamos a hacer para cuidar al mundo y mantener el equilibrio ecológico ante tan espectacular crecimiento poblacional?
Sin resolver estos problemas de índole socioeconómicos, los países emergentes (Nicaragua incluida) tendrán impedimentos difíciles de superar para elevar el nivel de bienestar de sus habitantes.
El autor es economista.
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