Carol Munguía
COLABORACIÓN
La frontera entre Nicaragua y Honduras, por la zona de El Guasaule, no es un paso cualquiera, sino un paso donde se trafica de todo: desde personas, mujeres que son llevadas para explotarlas en burdeles en otros países, hasta armas, dinero y cocaína.
A la lista hay que sumar la creciente compra de propiedades por parte de extranjeros que no emplean a nicaragüenses, a pesar de lo que establecen las leyes.
A lo largo de 127 kilómetros que dividen a Nicaragua de Honduras —el país más violento de la región centroamericana— se descubre una tierra que se dice que no es de nadie, pero en realidad se la disputan muchos que ven en la misma un lugar de oportunidades.