La inseguridad es una certeza y el sentimiento de que “estamos solos” no se aleja de los pobladores que diario utilizan buses en Managua y acuden a las paradas donde reina la delincuencia y abundan los asaltos.
Todo eso pese a que en marzo pasado la Policía de Managua se comprometió a “reforzar” la seguridad con 500 efectivos en las 21 paradas que están en la lista de los puntos más frecuentados por delincuentes.
- En estos tiempos no es la Policía la que vigila a los ladrones, son ellos los que tienen fiscalizada a la Policía, dice Cándido Pastrán, quien trabaja en el Siete Sur. Esa es la percepción de muchos otros managuas que piden a las autoridades del orden actuar con más eficacia e inteligencia.
Los ladrones saben cuando la Policía viene, ellos miran o alguien les avisa y se esconden, señala Byron Sánchez, quien también labora en el Siete Sur.
La solución, según los entrevistados, es que de manera permanente estén dos agentes en cada parada, pero vestidos de civil; de lo contrario no ven forma de atrapar a los delincuentes.
Las horas críticas son las 6:00 de la mañana, mediodía y la noche. Las víctimas más comunes son estudiantes.
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En esa ocasión el comisionado mayor Juan Ramón Gámez, segundo jefe de la Policía de Managua, informó que entre los puntos priorizados estaría el tramo que va del Hospital Fernando Vélez Paiz al Siete Sur. Lo que no ha sucedido, según afirman varios ciudadanos que trabajan en esa zona.
“La Policía se presenta solo cuando hay un problema, como un accidente. Aquí ya sabemos que no hay garantía de seguridad”, dice Cándido Pastrán, quien desde hace 30 años lustra zapatos en el Siete Sur.
En el banquito del cliente está sentado Julio José Sandoval, quien se anima a contar su historia:
—A mí una vez me robaron todito el pago; recién salido del banco.
—¿En esta parada?
—No, en la del Zumen.
—¿Puso la denuncia?
—¿Y para qué? Hubiera tenido que buscar testigos, pruebas, después el ladrón habría quedado libre y me hubiera buscado para apuñalarme —razona Sandoval.
PUNTOS CRÍTICOS
También se sienten impotentes muchos de los vendedores que tienden sus caramancheles en las paradas de buses. Conocen a los ladrones, pero no los denuncian, porque existe el convenio: “vos no te metés con nosotros, ni nosotros con vos”, así cuenta un comerciante que labora cerca del Hospital Fernando Vélez Paiz y que omite su nombre.
En ese sector trabaja Hermelinda González, quien ya ha presenciado varios asaltos, pero jamás ha visto policías interviniendo. “A ellos (los policías) los he mirado pasar por los Juzgados, pero en camioneta”, comenta.
Otro sitio de riesgo es la parada de la Julio Martínez. Está cercana a los barrios René Cisneros y El Recreo, por eso a cada rato ocurren robos, aseguran los hermanos Elyin y Shirley Tórrez, que viven en un barrio vecino.
Lo mismo pasa en la paradas del mercado Roberto Huembes, señala Antonio Téllez, que labora en un negocio de la zona.
BAJO NIVEL DE DENUNCIA
A esa certeza de inseguridad de la ciudadanía se une el incidente del pasado martes, día en que un hombre murió cuando intentaba asaltar a pasajeros en un bus de la ruta 114.
Sin embargo, según la primera comisionada Aminta Granera, directora de la Policía Nacional, los índices delictivos muestran que hasta mayo las denuncias han disminuido en un 1.6 por ciento.
La explicación a este fenómeno puede deducirse de un sondeo aplicado por Anabelle Jerez, profesora de la Universidad Centroamericana.
Hace dos semanas ella preguntó a los alumnos de su clase cuántos de ellos habían sufrido un asalto. De 20 estudiantes, 20 dijeron haber sido víctimas de la delincuencia; pero solo uno interpuso la denuncia en una estación de Policía.
Los demás simplemente consideraron que hacerlo era pérdida de tiempo y prefirieron pasar a formar parte de ese enorme subregistro del que solo se conocen anécdotas y rumores.
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