Johnny Sain, tirador fuera de serie de los Bravos de Boston en los años cuarenta y quizá el más prominente entrenador de lanzadores que ha tenido el beisbol, acostumbraba decir que “en pitcheo nunca se sabe, pero cada lanzamiento, puede ser el último”.
A nivel local, Luis Cano, uno de los carabineros más inteligentes que ha pasado por un montículo en el país, suele decirle a los novatos: “No desperdicien pitcheos. Recuerden que el brazo viene con sus lanzamientos contados”.
A lo mejor no es tan así como lo dice Cano, pero ciertamente como advierte Sain, nunca se tiene la certeza de en qué momento el brazo ya no podrá seguir disparando. ¿Habrá llegado ese momento para Vicente Padilla, el tirador nica de los Dodgers?
Por ahora lo que se sabe en concreto es que será operado hoy y habrá que esperar un proceso bastante largo para su recuperación. El problema es que lastimarse se ha vuelto recurrente para Padilla, quien había sido todo un roble físicamente.
Sería lamentable que fuera así. Padilla, aún con sus imperfecciones y descuidos, ha sido un atleta destacado. Para decirlo pronto, no ha habido aquí mejor lanzador, después de Denis Martínez, que Padilla. Lo demás es discusión para entretenerse.
Ahora, es muy probable que se haya quedado corto en relación a las expectativas iniciales, cuando se le proyectó como posible ganador de 20 partidos al año y constante invitado al Juego de Estrellas, pero probó que tenía nivel de big leaguer.
En sus 12 temporadas, Padilla alcanzó en cuatro ocasiones 14 o más triunfos, tres veces 200 o más innings, con cifras globales de 104-90 y 4.31 en 1,521 entradas con 1,070 ponches. El único nica que ha hecho más es Denis.
Ahora, no se trata de decir que Padilla fue estrella. No. Pero ha sido un lanzador de Ligas Mayores. Sin embargo, llama la atención la ligereza con que se le descalifica porque no fue lo que todos deseábamos que fuera.
Nunca he entendido por qué hay que ofender para expresar desacuerdo.
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