Javier López Medina

El canal hacia el río Tamarindo

Recientemente se ha planteado la idea de trasvasar aguas del Xolotlán hacia el río Tamarindo para reducir la contaminación del Cocibolca y disminuir el nivel del espejo de agua del Xolotlán, para recuperar áreas que están inundadas.

Hay cuatro razones por las que no recomiendo construir dicho canal:

1. El trasvase del Xolotlán al Cocibolca es un fenómeno cíclico que se presenta cuando el nivel del espejo de agua del primero alcanza 41.30 msnm. Esto ha ocurrido cinco veces en los últimos 100 años: 1932-1939, cuando alcanzó su nivel máximo histórico de 43.44 msnm; 1954-1957 cuando registró 42.36 msnm; 1982 con la tormenta tropical Alleta; 1998-1999 con el huracán Mitch; y ahora en 2010-2011 como consecuencia de un invierno copioso que ha causado que se sobrepasen niveles históricos. En las primeras cuatro ocasiones, el Xolotlán ha recuperado sus niveles normales sin necesidad de construir obras adicionales, excepto en 1999 cuando se construyó el puente que está en el km 22 de la Carretera Panamericana Norte, que sustituyó el sistema de alcantarillas que permitía el pase del agua del lago hacia el río Tipitapa. A pesar de estos trasvases cíclicos, el agua del Cocibolca sigue conservando su calidad. Nadie ha podido demostrar que estos trasvases han causado daños significativos al Cocibolca.

2. Al observar el drenaje natural de ambos lagos se percibe que hay un gradiente hidráulico con orientación Noroeste-Sureste. Si se pretende trasvasar aguas del Xolotlán hacia el Tamarindo, debe invertirse este gradiente, lo que conlleva obras civiles adicionales que podrían ser más costosas que el canal mismo.

3. Diseñar el canal y las obras adicionales para revertir el gradiente hidráulico; hacer los estudios requeridos, incluyendo el del impacto ambiental que estas obras causarían; y construir y poner en operación el sistema de trasvase, demandará de por lo menos un par de años y de una inversión que por ahora nadie ha estimado. Para esa fecha, es probable que las aguas del Xolotlán ya hayan recuperado sus niveles normales por lo que las obras ya no tendrían sentido.

4. Si bien es cierto que el valor intrínseco de las aguas del Cocibolca no es comparable con el de las aguas del Tamarindo, no es correcto que por “salvar” un ecosistema se justifique “destruir” otro.

El CIRA-UNAN hizo un análisis de la relación entre las presiones antropogénicas y el estado de la contaminación del Cocibolca, identificando las fuentes de contaminación de este valioso cuerpo de agua: Procesadoras de Lácteos y de Pieles, Rastros y Mataderos de Ganado Vacuno, Descargas de Aguas Residuales, Granjas Porcinas, Corrales de Ganado Vacuno, Basureros, Descargas de Desechos de Hospitales, Acopios de Productos de Pesca, Actividades agrícolas, etc.

El daño que ocasionan estas fuentes contaminantes es superior al que pudiera causar el trasvase que cada cierto tiempo ocurre desde el Xolotlán y por ende, esto es lo que debería ser el punto focal de nuestra preocupación y no estar pensando en un canal que vaya a alterar el ecosistema del Tamarindo, que requiere de una millonaria inversión y que al final no sea funcional.

Si se quiere recuperar más rápidamente el nivel medio del Xolotlán, lo que procede es aumentar su descarga hacia el Cocibolca, para lo cual hay varias alternativas: ampliar el puente que permite el trasvase, ampliar la capacidad de drenaje del río Tipitapa y/o dragar los bancos de sedimentos que se han formado en la desembocadura del río, los que actúan como tapones hidráulicos del mismo.

Sin embargo, la reducción de los daños causados por el aumento del nivel del agua del Xolotlán obedece a una regulación efectiva del uso del suelo.

Es fácil encontrar una respuesta al porqué los niveles alcanzados en 1933 no ocasionaron los daños que los mismos niveles han causado en el 2010: porque en ese tiempo no había infraestructura en las costas del lago, territorio que le pertenece al lago, por lo que no es apto para habitar, cultivar, ni para el desarrollo de obras de ningún tipo, a menos que se construyan diques que eviten que las aguas del lago las inunde.

El autor es ingeniero civil, especialista en recursos hidráulicos y en manejo de recursos naturales.

Opinión
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