Es sabido que hay hombres que engendran hijos con la firme decisión de: Formarlos, guiarlos, proveerlos, amarlos.
Pero también es cierto que las estadísticas nos muestran la triste realidad que un porcentaje (arriba del 25.0%) importante de hogares no cuentan con la figura paterna.
En un estudio realizado por la firma consultora M&R Consultores, en abril del año 2008, se encontró que en el 62.0 por ciento de los hogares la pareja estaba junta y enfrentaba problemas normales; en el 26.0 por ciento las familias se caracterizaban por contar únicamente con uno de los padres, en su mayoría con la madre; el 13.0 por ciento restante eran familias cuyos padres, juntos o separados, enfrentaban conflictos serios.
Cuando a los hijos se les pregunta si los padres les dedican tiempo, el 56.7 por ciento responde que NUNCA; cuando se les pregunta si reciben afecto, un abrazo, una palabra de amor, de parte de sus padres el 53.1 por ciento responde que NUNCA.
Estos números son alarmantes, indican que estamos ante una crisis de paternidad, en donde 4 de cada 10 hogares, no cuenta con figura paterna o si esta existe, se da en medio de una situación de conflicto serio en la familia.
Adicionalmente pareciera que estamos ante un “analfabetismo afectivo”, en donde un poco más de 5 de cada 10 hijos no saben lo que es recibir afecto.
Pareciera que la familia ha perdido el rumbo, una proporción importante de hogares, en vez de ser una escuela primaria, en donde a los hijos se les educa en principios, valores y buen comportamiento, para que sean ciudadanos con carácter correcto para ser triunfadores en la vida; se han convertido en generadores de ciudadanos problemas para la sociedad.
Los medios de comunicación masiva, diariamente nos informan de actos delictivos de diversa índole, de violencia intrafamiliar, de altos niveles de adiciones a drogas, alcoholismo, asaltos, etc.., y se escucha una grita generalizada por leyes más duras, más instituciones gubernamentales que atiendan este problema, sin embargo, casi nadie vuelve su atención al hogar, a la familia. En la calle se manifiestan los efectos de este mal, la causa está en la familia.
Por ello, debe invertirse tiempo, esfuerzo y recursos enfocados a educar a los padres, crearles conciencia de la gran responsabilidad que tienen ante su familia y la sociedad, que la familia es de alta prioridad, que debe ser atendida a tiempo completo, y erradicar esa creencia equivocada que el padre tiene como principal responsabilidad ser únicamente proveedor del hogar.
Se necesitan padres que sean líderes de su hogar, que ese liderazgo se lo ganen principalmente con afecto, ternura, responsabilidad, respeto, comprensión y atención para su pareja e hijos.
Que este mes del padre, sea un mes de reflexión y de renovación del entendimiento de los padres de familia, para que asuman el rol que les corresponde y se conduzcan de acuerdo a actitudes y comportamientos correctos, tales como:
1. Expresar emociones y afectos adecuadamente.
2. Participar activamente en la formación de los hijos.
3. Tratar a la esposa como vaso frágil.
4. Dedicar tiempo de calidad a su familia.
5. Compartir responsabilidades y tareas del hogar junto a la esposa.
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