SANÁ/AFP
La partida del presidente yemení, Alí Abdalá Saleh, operado con éxito en Arabia Saudita tras haber sido herido el viernes en el bombardeo al palacio presidencial de Saná, fue celebrada ayer por decenas de miles de personas en la Universidad de la capital y Taez al suroeste de Saná.
“Se acabó, cayó el régimen”, cantaban jóvenes mientras llegaba más gente diciendo que celebraban “la huida de Saleh”, en el poder desde hace 33 años. Pero el presidente tiene la intención de regresar dentro de dos semanas, cuando termine su convalecencia, indicó un responsable saudí.
Saleh fue sometido a dos operaciones: la primera para extraerle una esquirla (de obús) del tórax y se le practicó una neurocirugía en el cuello, declaró el responsable que pidió el anonimato: “la próxima operación será una operación de cirugía estética”.
La hospitalización del mandatario en Riad (Arabia Saudi) deja la duda sobre en quién recae el poder en Yemen. Según la Constitución yemení el vicepresidente, Abdel Rabo Mansur Hadi, debe dirigir el país durante la ausencia del jefe de Estado, pero hasta ahora no hubo ninguna declaración.
Acusado por el gobierno, de ser el responsable del bombardeo del viernes el poderoso jefe tribal de los Hashed, Sadek al Ahmar, aceptó ayer por la noche con condiciones un alto el fuego así como la evacuación de los edificios públicos que ocupan sus partidarios en Saná.
Para la oposición, la partida de Saleh, de 69 años, “marca el comienzo del fin de este régimen tiránico y corrupto. Haremos lo posible para impedir su regreso” a Yemen, declaró el portavoz de la oposición parlamentaria, Mohamed Qahtan.
El funcionario dijo que se desconoce si el hijo mayor del presidente, Ahmed, y sus sobrinos que controlan los principales órganos de seguridad en especial la Guardia Republicana, quieran entregar el poder al vicepresidente. La oposición sospecha que Ahmed, comandante de esa unidad de élite, esté preparando la sucesión.
Pese a las celebraciones, la violencia no paró en Taez donde hubo enfrentamientos en los que murieron cuatro Guardias Republicanos y tres hombres armados de las milicias que protegían a los manifestantes.
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