La niña anda en 13 años y el niño en 12. Son los hijos de una mujer asesinada en Nueva Vida el año pasado, los que desde entonces han estado de mano en mano. Primero estuvieron en un albergue provisional en Ciudad Sandino, luego quiso tenerlos un pariente materno, ahora están en un albergue capitalino, pero una tía abuela de los niños, que era su vecina en el barrio y que vivía a unas pocas cuadras de donde ocurrió la tragedia, no tiene certeza.
La tía abuela dice que la abuela no pudo quedarse con ellos porque es muy pobre para sostenerlos y porque el crimen la dejó con los nervios destrozados, con las lágrimas a flor de piel. La abuela busca ayuda sicológica de vez en cuando en la organización de mujeres Movimiento María Elena Cuadra, cuyas oficinas están ubicadas a unas pocas cuadras de la Asamblea Nacional. Aunque se le ha visto en algunos plantones en rotondas, sosteniendo pancartas que piden justicia y que se apruebe la ley de feminicidio, al lado de otros parientes de mujeres asesinadas, todavía llora, se consterna por el crimen que no presenció, pero del que supo todos los detalles.
¿Cómo podrán sentirse los hijos entonces que sí vivían con la madre y que estaban la tarde en que su papá llegó y la mató?
En uno de los cubículos del María Elena Cuadra la sicóloga Anielka Ocón tiene una explicación para lo que pasa con estos niños, en estos escenarios.
“Es posible que estos niños se bloqueen, que tengan un estado emocional totalmente alterado, el ritmo de la vida cambia. Ellos quedan totalmente en la orfandad, porque muchas veces las familias inmediatas están en disputa, en polémica, es lo que pasa en la mayor parte de los casos”, dice Ocón.
Empieza un proceso doloroso, reconoce Ocón. “Estos niños en la mayor parte de los casos se sienten solos, desprotegidos se sienten indefensos, impotentes, muchos piensan que ‘si hubiera estado mayor hubiera defendido a mi mamá ’. El niño sabe que su realidad es cruel en ese momento, sabe que su realidad es algo que no quisiera vivirla”.
LA PROTECCIÓN TEÓRICA
Carlos Emilio López, exfuncionario de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, y consultor de estos temas, dice sin especificar razones que el Código de la Niñez manda al Estado, la familia y la Sociedad a ofrecerle atención a los niños. Niños con VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana), en desastres naturales, víctimas de conflicto armado, y en este caso, los huérfanos de feminicidio, deben ser atendidos.

“Podemos decir que todos tenemos una responsabilidad”, dice López y explica que el Ministerio de la Familia (Mifamilia), a través del programa Amor “está comenzando a desarrollar acciones en ese sentido”.
El consultor refiere que se está creando una guía de atención para niños con VIH, huérfanos y otros en situaciones de vulnerabilidad.
López cree que en estos casos se debe aplicar un principio de la cultura oriental que dice “que deberíamos tratar a todos los niños como si fueran nuestros hijos. No deben de verse aislados. No deben de verse como si estuviera en orfandad”. Sin embargo, desconoce cuántos huérfanos de esta violencia doméstica son atendidos por el aparato estatal.
A la pareja de huérfanos de Nueva Vida, antes de llevarlos al albergue capitalino, estaban en un sitio donde los familiares paternos llegaban a verlos, incluso los llevaron a sus casas, donde probablemente se vieron con el papá (quien cometió el crimen) que está prófugo de la justicia en el mismo barrio donde mató.
En Nicaragua no existen estadísticas de cuántos niños han quedado en la orfandad a causa de los feminicidios.
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