Por Freddy Cuevas y Mark Stevenson
TEGUCIGALPA /AP
Otra agresión a un periodista y las mismas dudas de siempre: es difícil decir si fue un ataque personal, un asalto o una forma de silenciar a un periodista en uno de los países más peligrosos del hemisferio para el ejercicio de esa profesión.
Cinco personas fueron detenidas en relación con un atentado a tiros ocurrido el lunes contra el gerente general del diario La Tribuna, Manuel Acosta, pero no ha habido arrestos en conexión con el asesinato hace dos semanas del propietario de un canal de televisión Luis Mendoza.
Acosta recibió seis balazos al sufrir una emboscada en su camioneta, pese a lo cual logró llegar a su casa. Es una excepción, ya que la mayoría de los periodistas que han sido blanco de ataques han muerto.
Organismos de prensa dicen que en los últimos 18 meses fueron asesinados 13 periodistas y solo dos de esos casos han sido resueltos. A estos episodios se suman otras agresiones que no resultaron fatales. El gobierno asegura que hace lo posible por investigar a fondo los atentados.
El caso de Mendoza es bastante típico en un país donde los periodistas no ganan mucho dinero y con frecuencia tienen otras actividades. Además de ser propietario del Canal 24, Mendoza tenía una hacienda cafetera y algunas propiedades.
La policía dice que la gente que tiene negocios a menudo es blanco de secuestros o de extorsiones por parte de delincuentes comunes o de narcotraficantes.
La forma en que fue asesinado Mendoza en la ciudad de Danli no parece un simple asalto.
«El modo en que lo mataron hace pensar en el crimen organizado. Usaron rifles AK-47 y pistolas de 9 milímetros», expresó Carlos Lauria, coordinador para las Américas del Comité para la Protección de Periodistas, con sede en Nueva York.
PAÍS PLAGADO DE VIOLENCIA
Por más que este país de 7,7 millones de habitantes esté plagado por la violencia y haya unos 77 homicidios por cada 100.000 habitantes –una de las tasas más altas del Hemisferio Occidental–, mucha gente cree que los atentados contra periodistas son demasiado planificados como para ser coincidencia.
La Sociedad Interamericana de Prensa dijo en su informe de abril que Honduras es uno de los países más peligrosos del hemisferio para el periodismo.
«Las agresiones, intimidaciones y amenazas a periodistas han continuado como consecuencia de la crisis política de junio del 2009 y la proliferación del crimen organizado y del narcotráfico», señaló la SIP, aludiendo al golpe en que fue derrocado el presidente Manuel Zelaya hace dos años.
Acosta, de 70 años, fue atacado cuando regresaba a su casa en esta capital. Un automóvil se situó atrás de su vehículo y otro adelante y de ellos descendieron al menos cuatro pistoleros que le dispararon. De algún modo sobrevivió y pudo llegar a su casa manejando. Sus familiares lo llevaron a un hospital.
Colegas suyos dicen que Acosta no tenía otros intereses ni enemigos. «Sí, la delincuencia común es un problema grave, pero el auto tiene 30 balazos», señaló Lauria.
ATAQUES E INTIMIDACIÓN VINCULADOS A TRABAJO DE LOS PERIODISTAS
Algunos ataques y casos de intimidación están claramente vinculados con el trabajo de los periodistas.
Esther Major, que investiga la situación en Centroamérica para Amnistía Internacional, destaca el caso de Arnulfo Aguilar, director de Radio Uno, de oposición, en San Pedro Sula, al norte, quien se había quejado públicamente de haber recibido amenazas antes de sufrir un atentado el 27 de abril.
Al menos ocho individuo enmascarados estaban al acecho, esperando que regresase a su casa hacia la medianoche. Lo amenazaron a gritos y trataron de impedirle el paso a su auto. Posteriormente rodearon la casa, hasta que llegó la policía y lo rescató.
Su radio acababa de difundir un informe sobre un presunto tráfico de armas por parte de militares.
Muchos opinan que la tensión derivada del derrocamiento de Zelaya, que dividió a la nación, es responsable de parte de los ataques a periodistas. Medios de oposición como Radio Uno fueron hostigados e incluso cerrados temporalmente después del golpe.
Partidarios de Zelaya, quien se apresta a regresar al país el sábado tras dos años en el exterior, sindicalistas, líderes campesinos, periodistas y profesores están siendo blanco de ataques.
Sectores oficialistas señalan que periodistas opuestos a Zelaya también han sido atacados, incluida Karol Cabrera, del Canal 8, quien huyó a Canadá en el 2010 tras dos atentados contra su vida.
El vocero policial Kelsin Arteaga dijo que no hay un denominador común entre todas estas acciones.
VIOLENCIA ES GENERALIZADA, DICE VOCERO POLICIAL
«Lo que ocurre es que Honduras vive una violencia generalizada desatada por el crimen organizado, el narcotráfico y la delincuencia común», declaró Arteaga a la AP. «Todos los casos se han investigado y descubrimos que no hay una relación entre cada uno de ellos».
«Las muertes se dieron por circunstancias específicas y la mayoría de los asesinatos, especialmente de periodistas, no tuvieron nada que ver con el ejercicio profesional de ellos», insistió.
La activista pro derechos humanos Bertha Oliva afirmó a la AP que «nuestro pueblo está indefenso ante la ola de criminalidad que nos agobia».
«La situación es producto de la impunidad», manifestó. «El responsable es el gobierno, que demuestra incapacidad para investigar los crímenes y esa incapacidad se convierte en complicidad en contra de la vida y de la libertad de los hondureños».
El comisionado Nacional de Derechos Humanos, Ramón Custodio, dijo recientemente que «los altos niveles de violencia criminal y homicida como los que registra Honduras son como los de un país en guerra».
Además de 13 periodistas, entre el 2010 y este año han muerto a tiros en las calles de las principales ciudades del país más de 30 abogados y 37 homosexuales.
Organizaciones periodísticas dicen que rara vez hay un arresto relacionado con los ataques a periodistas. Lauria de una «falla sistemática de las autoridades en las investigaciones de estos crímenes».
Al menos 36.036 personas perdieron la vida en forma violenta en Honduras entre enero del 2000 y junio de 2010 a causa de armas de fuego, cuchillo y otras armas contundentes, de acuerdo con la Secretaría de Seguridad.
Según estadísticas oficiales, cada 43 minutos y medio asesinan a una persona en Honduras.
En el 2006 la tasa de muertes violentas por cada 100.000 habitantes era de 46,2%, y en el 2011 llegó al 70% en Honduras.