Por Keylla Ballesteros
Cuando me enteré que mi hermana estaba embarazada y que tendría que hacerle frente a su «panza» prácticamente sola —me refiero sin el soporte de un hombre que todas en su momento necesitamos— pensé que era una tarea imposible de cumplir aunque tuviera el apoyo de la familia, sin embargo, su carácter fuerte y el amor a lo que venía en camino pudo más, y a pesar de su juventud trajo al mundo a la que hoy es su «vida».
A ella la admiro y a todas aquellas que con su frente en alto y con los «pantalones bien puestos» han tomado la decisión de convertirse en mamá y papá, a pesar de lo que diga o piense la sociedad y han enfrentado diferentes dificultades porque decidieron continuar solas con una gran responsabilidad.
LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO
Desde el punto de vista cultural la opinión sobre las madres solteras ha cambiado. Si antes era una situación de vergüenza y la sociedad en general mostraba rechazo, en los últimos tiempos una mujer sola luchando para darle lo mejor a su «retoño» provoca gran admiración y respeto.
Ya sea por elección o no, tomar el rol de madre soltera debe ser un orgullo. Debes estar clara que aunque te demandará más tiempo —por la ausencia del padre— no será impedimento para realizarte como profesional, e incluso para unirte a otra persona más adelante.
Como ejemplo tenemos a dos mujeres ejemplares, cuyas historias y condición de madre soltera no las ha detenido para continuar con su vida personal y profesional, y ser para sus hijos un símbolo de admiración.
«MI VIDA HA SIDO MARAVILLOSA CON MIS DOS ÁNGELES»
Patricia Sánchez Oviedo nació en la ciudad de Granada y creció en el seno de una familia conservadora. Es Socióloga con un postgrado en Contabilidad y Finanzas, lo cual le dio pauta para dedicarse a la banca desde hace once años como Supervisora de Operaciones del Banco de Finanzas (BDF).
«Poco después de cumplir mis 15 años da inicio mi historia de retos y responsabilidad materna. Salí embarazada de mi primera hija (Gabriela) e inmediatamente desarrollé un instinto maternal aún siendo una adolescente y enfrentándome a diversas circunstancias de lucha y frustraciones por cortar parte de mi desarrollo personal, y enfrentarme al rechazo social y familiar”, cuenta.
“Sin embargo, gracias a Dios y a mi carácter, pude enfrentar ese gran desafío de vida, convertirme en madre soltera. En ningún momento me detuve, siempre seguí estudiando y busqué trabajo para el sustento de mi hija, así logré educarla en un ambiente de amor incondicional y oportunidades, además, le enseñé el valor de la vida y el sacrifico que hay que atravesar para lograr nuestros objetivos y llegar a cosechar éxito. Porque como todo en la vida, lo que nos cuesta es lo que tiene mayor mérito”, afirma.
Su hija Gabriela, tiene ahora 26 años y es Médico General, para ella su madre es un gran orgullo y ejemplo. “Somos súper unidas y tengo la confianza de contarle todo”.
“NO TODAS ASUMIMOS ESTE PAPEL”
Patricia viajó a México a estudiar y donde decidió rehacer su vida. “Allá procreé a mi segundo hijo (Manuel) quien cursa su primer año de Marketing en la Universidad Centroamericana (UCA). La diferencia entre ambos embarazos radica en que para entonces yo estaba más madura, con experiencia y conciencia de mis actos”, señala.

Según Manuel, de 17 años, “mejor mamá no nos pudo haber tocado, ya que estamos donde estamos gracias a ella”.
Patricia asegura que la mejor herencia para sus hijos ha sido educarlos con valores, inculcándoles seguridad y mucha confianza en sí mismos. “Han sido mis mejores amigos y hemos logrado consolidar una pequeña familia en donde prevalece el respeto, la unión y el amor incondicional, mi vida ha sido maravillosa teniendo estos dos ángeles bendiciéndome día a día, son mi compañía y fortaleza”.
“DIOS ME LA QUISO DAR”
Windy Mauldin tiene 30 años y es originaria de Austin, Texas, Estados Unidos, además, es “mamá y papá” de una niña de 6 años (Adrianna Flor Mauldin).
“Cuando caí en cuenta que viviría mi maternidad sola fue muy difícil, porque se supone que es un momento de felicidad que uno debería compartir en pareja y que se debe celebrar la llegada de una vida con la otra persona, sin embargo, al tener que vivir esa etapa sin ese apoyo fue doloroso, y aunque tuve todo el apoyo de mis seres queridos, el amor de la familia no es el mismo que el de una pareja, y en ese aspecto no tenía con quién compartir esa bendición”.
“Pensaba que mi familia iba a estar desilusionada, pero todo lo contrario, ellos me dieron mucho amor y respaldo porque sabían que iba a ser algo muy complicado y nunca me hicieron sentir culpable, es más, me ayudaban a cuidarla para que pudiera seguir preparándome en la Universidad de Texas donde estudié educación primaria, a la vez que trabajaba como secretaria”, afirma.
“Dios me la quiso dar y yo la acepté con todo mi corazón y los con brazos abiertos”. De acuerdo con Windy, ser madre soltera es una gran responsabilidad. “Todas las decisiones son mías, sin embargo, esta experiencia me ha llenado mucho y tenerla a ella me ha dado más propósitos y paz en mi vida”.
Por otro lado, para ella la familia en Nicaragua tiene mucho más valor. “Yo me crié aquí y los valores son muchos más arraigados, uno tiene más tiempo para disfrutar de las cosas que realmente valen la pena, es por eso que estoy segura que mi hija va a crecer con los valores que yo quiero que posea”.
“ES EL CENTRO DE MI UNIVERSO”
Por el momento Windy está soltera. “No descarto la posibilidad de rehacer mi vida, creo que con el tiempo Dios me traerá al indicado, aquel que también quiera a mi hija como lo hace mi familia y mis amigos”, asegura.
“También, trato de incluir a mi hija en lo que hago, por eso siempre busco gente que entiende mi situación, ya que para mí no es una carga que me detiene en la vida. Con ella he comprendido el gran amor de Dios y del que uno es capaz de sentir, es el centro de mi universo”, afirma.
SU CONSEJO
Para Windy, tener un trabajo para lograr una estabilidad económica y balancear entre lo que nos gusta hacer y los hijos, así como mantener la fe en Dios, nos dará las fuerzas para enfrentar cualquier cosa. “Sin Él no podría haber logrado todo lo que tengo”.