En pocos días, el cubano Kendry Morales cumplirá un año de haber pasado bruscamente de la euforia a la angustia.
El 29 de mayo del año pasado Morales le puso fin en la décima entrada a un partido que iba 1-1 entre Seattle y los Ángeles, con un jonrón con las bases llenas. La pizarra mostró 5-1 y el júbilo fue total en su conjunto.
Kendry fue esperado por sus compañeros en el plato, y como todos querían un pedazo de él se le lanzaron encima para celebrar. El tumulto se deshizo, pero Morales seguía en el piso, solo para descubrir diez minutos después que estaba lesionado.
Lo que no se sabía al momento en que un carrito llegó a sacarlo del terreno, era que se trataba de una lesión severa en su pierna izquierda, tanto que tras dos operaciones no se recupera y va a otra, para corregir daños secundarios.
Justo cuando Kendry al fin había logrado adaptarse, ocurrió lo imprevisto. Morales había bateado .306, con 34 jonrones y 108 remolques en su primera temporada completa. Y había iniciado el 2010 con .290, 11 tablazos y 39 carreras empujadas.
Las proyecciones de Morales, cuyo crecimiento hizo que los Ángeles soltaran a sus artilleros más caros, eran la de un bateador capaz de 35 o 40 bambinazos por campañas, con más de 120 remolques y un promedio sobre .300. En lugar de eso, va de nuevo al quirófano para otra cirugía.
Ha quedado fuera de la presente campaña y se tiene que esperar su rehabilitación para tener una idea clara sobre cuándo podría volver. A estas alturas, Kendry debería estar convertido en una fiera, pero lo que tiene es un cúmulo de dudas sobre su futuro.
La lesión de Morales no es necesariamente la más absurda. Sammy Sosa se lastimó la espalda por estornudar muy fuerte y Matt Latos se afectó una costilla por aguantarse un estornudo. Wade Boggs se lastimó la espalda al ponerse unas botas vaqueras y Joel Zumaya sufre un esguince jugando wii.
Alex Stepney, exportero del Manchester United, gritó tan fuerte a sus compañeros que se quebró la mandíbula. Gus Frerotte, exmariscal de campo de los Redkins, celebró una anotación dando un cabezazo a la pared y sufrió una conmoción cerebral y John Smoltz se quemó el pecho al pasarse la plancha en una camisa que tenía puesta.
Morales no imaginó que uno de los batazos más importantes de su joven trayectoria iba a poner en peligro su carrera, pero así fue. Y ahora no le queda más que esperar, mientras los días pasan y se incrementa la incertidumbre sobre su regreso.
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