Los desórdenes esquizofrénicos constituyen un grupo de síndromes que se manifiestan por una masiva perturbación del juicio, humor, y comportamiento total, así como de una pobre percepción de los estímulos del medio, al sistema nervioso central.
La caracterización y nomenclatura de estos disturbios son ampliamente arbitrarios y están influenciados por factores socioculturales y conceptos de las diversas escuelas de psiquiatría.
A menudo, se ha creído que los desórdenes esquizofrénicos provienen de componentes genéticos, ambientales o patofisiológicos de los neurotransmisores cerebrales (serotonina, dopamina, noradrenalina, colinesterasa, etc.), hasta hoy no hay pruebas de laboratorio que confirmen lo anterior, hace un par de meses, conocí a 2 hermanos esquizofrénicos.
De hecho, los síntomas positivos, aparecen relacionados con un aumento de la actividad dopaminérgica, en la región mesolímbica; los síntomas esquizofrénicos han sido clasificados con signos positivos y negativos: los positivos se caracterizan por alucinaciones, delirios, ilusiones y desórdenes en la ideación; los negativos incluyen: sociabilidad disminuida, afecto restringido, discurso pobre, estos síntomas aparecen con dopaminérgicos disminuidos en el sistema mesocortical.
Es de hacer notar la importancia de los neurotransmisores. Ej: en la depresión se utilizan inhibidores de la recaptación selectiva de serotonina, por tanto habrá más serotonina interneuronal.
Existen trastornos psicóticos con las mismas características, que se presentan con similares síntomas a la esquizofrenia, sin embargo, el embate agudo es menos perturbador, puede durar corto tiempo sin alterar mucho el estilo de vida.
Los desórdenes esquizofrénicos se pueden subdividir en: 1) Esquizofrenia hebefrénica, 2) Esquizofrenia paranoica, la que se caracteriza por: delirios de grandezas, a menudo acompañada de alucinaciones, con menos trastornos en el discurso y la conducta que las anteriores; muchas personas se mantienen en el límite fronterizo, lo que hace difícil identificar al que es y no es, de hecho, en psiquiatría el concepto de normalidad es difícil, siempre lo ha sido pues obedece a factores antropológicos culturales, religiosos, etc., más bien, se maneja el concepto de equilibrio biopsicosocial.
Existen otras subdivisiones llamadas trastornos delirantes: en el primero de los casos pueden pasar desapercibidos, tal como el paranoico de persecución, el delirio amoroso hacia una pariente o persona cercana, bien conocida (well known) o en la que el afectado presupone infidelidad de su pareja, en estos casos no hay deterioro de la vida cotidiana ni alucinaciones (Ref: Current Medical Diagnosis & Treatment, 2008, pág. 911,912, Lange, Mcgraw Hill).
En el segundo de los casos están: delirios (false beliefs) caracterizados por pensamientos paranoicos, ante el supuesto comportamiento amenazante de otros individuos, el paciente adopta contramedidas, tales como cerrar ventanas y puertas, forrar el techo con aluminio por ondas de radares bizarras y si puede se hace llenar de fusiles, etc. Puede haber deterioro en la vida cotidiana y alucinaciones; el paciente toma medidas a fin de que su cuerpo no vaya a podrirse o infestarse.
Existen esquizofrenias indiferenciadas, aún cuando tienen características de otras “no específicas”, es difícil encuadrarlas.
La esquizofrenia residual, presenta signos claros, pero no hacen un cuadro psicótico abierto para clasificarlas, síntomas: indiferencia social, aplanamiento afectivo, conducta excéntrica y otros.
La personalidad antisocial (disocial) o sociopatía es: insensible, egoísta, sentimentalmente duro, promiscuo, impulsivo, incapaz de aprender de la experiencia, con problemas legales; hace 37 años se les llamaba psicópatas, hoy forman parte de la eufemística palabra: “sociópatas”; el criminal atroz, puede sufrir: sociopatía acompañado de un cuadro esquizofreniforme alucinatorio o una epilepsia del lóbulo temporal, por tanto son psicópatas, como Charles Manson el asesino que sufrió desorden satánico para asesinar a la bella actriz Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski en 1969.
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