El guatemalteco Julio César, uno de los 35 migrantes de Centroamérica que esperan una visa para viajar a Estados Unidos y cumplir su sueño americano. LA PRENSA/AFP/OMAR TORRES

Ilusionados esperan visa de diputados mexicanos

Dormidos en el piso, apretujados en literas y compartiendo los alimentos básicos que envía la alcaldía de Ciudad de México al único albergue para migrantes de la capital, un grupo de 35 centroamericanos espera ilusionado la visa prometida por diputados mexicanos.

MÉXICO/AFP

Dormidos en el piso, apretujados en literas y compartiendo los alimentos básicos que envía la alcaldía de Ciudad de México al único albergue para migrantes de la capital, un grupo de 35 centroamericanos espera ilusionado la visa prometida por diputados mexicanos.

“Los diputados prometieron que nos van a dar una visa para cruzar México en nuestro camino a Estados Unidos sin que nos molesten y mi persona les cree porque cuando le conté todas las desgracias que he vivido, a una diputada se le llenaron los ojos de lágrimas“, comentó Juan Andrés Benítez, un salvadoreño de 37 años.

En las inmediaciones del aeropuerto de Ciudad de México, en un apacible sector de clase media, la mañana de ayer fue algo agitada con un operativo policial en una vivienda donde, según una denuncia anónima, había un grupo de personas secuestradas.

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  • Al menos 70 inmigrantes guatemaltecos que viajaron a México fueron reportados como desaparecidos ante las autoridades de este país por sus familiares, informó una portavoz de la Cancillería de Guatemala.
Según la funcionaria, en la mayoría de los casos los familiares de los desaparecidos han señalado que la última vez que tuvieron comunicación con ellos fue a su paso por el estado mexicano de Tamaulipas, el mismo donde se han hallado en las últimas semanas fosas con decenas de cadáveres de personas no identificadas.

El Gobierno de Guatemala envió la semana pasada a México información sobre 34 inmigrantes que han sido declarados como desaparecidos y que se teme se encuentren entre las víctimas de las fosas comunes halladas en el noreste mexicano.

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Los miles de migrantes que transitan por México, en su mayoría centroamericanos, con el fin de alcanzar el sueño americano, son víctimas de robo, extorsión, secuestro y abuso sexual por parte de los grupos de narcotraficantes que se encuentran en el camino. La expresión más cruel de este fenómeno fue la masacre en agosto pasado de 72 de ellos en un rancho en Tamaulipas.

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En realidad se trataba del albergue Familias Migrantes Unidas Ehecatl, que desde septiembre pasado funciona de manera un tanto improvisada a cargo de José Tomás Cantó y que desde el 28 de abril pasado da refugio a 35 migrantes de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador.

“Todo fue una confusión, pero se dieron cuenta de que aquí no hay secuestrados y que incluso el gobierno de la ciudad nos manda comida“, dijo Cantó con una sonrisa al recibir a la prensa en el patio de la vivienda, donde se pudo observar una cruz de madera con la leyenda “no más secuestros”.

Esa cruz, en la que también se lee “¡ley de migración ya!”, fue traída por estos migrantes en su propio vía crucis de Semana Santa, con un recorrido a lomos de tren desde el estado de Chiapas (sureste), en la frontera con Guatemala.

“Cuando llegamos, fuimos a la Cámara de Diputados, ahí nos recibieron. La diputada Josefina Vázquez Mota me dio un abrazo y me pidió disculpas por todos los abusos que en México se han cometido contra nosotros“, explicó el salvadoreño Juan Andrés, convertido en una suerte de vocero de los migrantes.

En efecto, la semana pasada un grupo de diputados, encabezados por Vázquez Mota, líder de la bancada del oficialista Partido Acción Nacional, recibió a algunos de estos centroamericanos en la víspera de que el Legislativo mexicano aprobara por mayoría una nueva ley migratoria.

La legislación ha sido recibida con beneplácito por organizaciones defensoras de los migrantes, que si bien aún reclaman más beneficios como una visa de tránsito y un mejor acceso a la justicia, al menos consideran que no criminaliza la migración ilegal y prevé castigos para los abusos de parte de autoridades.

En el grupo de centroamericanos de la capital hay sólo cuatro mujeres. Una de ellas, Yesica González, de 29 años, decidió junto con su esposo, Juan López, salir de Guatemala luego de que uno de sus gemelos de cuatro años fuera secuestrado por miembros de las llamadas “maras”.

Apenas consiga un trabajo en Estados Unidos, confía Yesica con una sonrisa de ilusión en el rostro, le enviará dinero a su mamá, que se quedó al cuidado de sus gemelos y de otro hijo de siete años en Guatemala. “Quiero reponerles su ‘tele’ a mis niños, hubo que vender todo para pagar lo del secuestro”.

RESCATADOS

La Policía Federal mexicana liberó 11 salvadoreños, un guatemalteco, un hondureño y tres mexicanos, que manifestaron que “habían sido privados de su libertad”, en la ciudad de Reynosa, en el noreste de México.

En la acción, lanzada el pasado 2 de mayo en una vivienda de la colonia Rivera de Rancho de Reynosa, tras completar “trabajos de investigación e inteligencia“, no hubo arrestos.

Con este nuevo rescate suman ya 135 las personas liberadas por las autoridades federales mexicanas desde principios de abril en Reynosa, localidad del estado de Tamaulipas.

Dos organizaciones criminales, Los Zetas y el cartel del Golfo, que fueron aliados durante más de una década, a principios de 2009 rompieron su alianza para iniciar una sangrienta confrontación por el control de territorios que ha afectado especialmente al estado de Tamaulipas.

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