El filo de la navaja

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial (BM), advirtió en las reuniones del BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que tuvieron lugar antes de Semana Santa, que el mundo está “a un shock de distancia de una crisis total”, citando el aumento de precios de los alimentos como la principal amenaza para las naciones pobres.

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial (BM), advirtió en las reuniones del BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que tuvieron lugar antes de Semana Santa, que el mundo está “a un shock de distancia de una crisis total”, citando el aumento de precios de los alimentos como la principal amenaza para las naciones pobres.

En la misma reunión, el director del FMI Dominique Strauss-Kahn expresó su preocupación por los niveles de desempleo entre los jóvenes. “Probablemente sea exagerado decir que es una recuperación sin empleos, pero es ciertamente una recuperación sin suficientes empleos… existe la posibilidad de una generación perdida”, indicó.

Las economías de Estados Unidos y Europa enfrentan una situación económica y financiera sin precedentes, desde el punto de vista de cómo financiar sus déficits públicos, y preservar la delicada salud de sus sistemas bancarios.

A pesar de haber triplicado la cantidad de dinero en cuatro años, la recuperación en el empleo ha sido mínima y los precios de los alimentos y el petróleo se han disparado. Pregunta: ¿a dónde ha ido a parar todo ese dinero?

La desregulación/liberalización permitió a los grandes conglomerados financieros (bancos y casas de inversión), multiplicar su crecimiento, aportando cantidades mínimas de capital de respaldo, lo que trasladó el riesgo del crecimiento a inversionistas privados como los fondos de inversión que administran aportes de jubilación de millones de personas.

Con los instrumentos financieros llamados derivados una sola deuda se vendía a muchos inversionistas, asegurando las pérdidas con compañías de seguros que tampoco contaban con el capital suficiente. Las ganancias iban para los accionistas y para los altos ejecutivos de las instituciones financieras, que tenían un incentivo perverso para “seguir creciendo sin preocuparse por las futuras consecuencias para la población”.

Cuando una parte de las deudas dejó de pagarse, el sistema entero cayó. Ahí entraron los gobiernos a rescatar las instituciones financieras, emitiendo “montañas de dinero” que tendrán que ser pagadas con impuestos de los contribuyentes. A eso se denominó “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas”.

Las alternativas de solución para que los gobiernos salgan del problema son: aumentar los impuestos (difícil en un entorno de elevado desempleo), reducir gastos (seguridad social, seguro médico, funcionamiento del gobierno), o continuar emitiendo dinero sin respaldo (exportar inflación, aumentando precios y desvalorizando más sus monedas).

Independientemente de lo que los gobiernos o bancos puedan hacer, queda lo que cada persona puede hacer para mejorar su situación, ocupándose cada uno de su educación financiera y sus finanzas.

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