En una tarde calurosa, doña Ana Castillo pone botones a un traje blanco que será usado en una de las procesiones que acostumbran hacer en el barrio capitalino Monseñor Lezcano.
Sentada frente a su máquina de coser, Castillo mueve su pie en el pedal para que la aguja entre en la tela del traje típico que usará una joven, quien se prepara para personificar a la Virgen María durante una procesión.
En la sala de esta señora de hablar pausado y caminar lento hay cuadros con imágenes religiosas y cruces, pero la parte sagrada de esta sala es el altar donde está la imagen de la Virgen María, donde no hay rastros de polvo como en el resto de la casa, está iluminado con la luz solar que pasa a través de un zinc transparente. Las flores amarillas y blancas le dan realce.
Doña Ana, a pesar de tener su cabello blanco tanto como su camisa, no aparenta los 69 años que tiene. Pero asegura que los siente al momento de querer ir a las procesiones que organiza la Iglesia que está ubicada en su barrio durante Semana Santa, ya que era una tradición asistir, pero ahora tiene inseguridad y temor al caminar, por lo que desde hace unos cuatro años solo las ve pasar desde su casa.
Desde muy pequeña sus padres le inculcaron la religiosidad y desde que tiene uso de razón ha participado en todas las actividades de semana Santa. Castillo recuerda que desde antes que cumpliera los 10 años de edad, su mamá la enviaba a misa todos los días con sus hermanas .
“Cuando empieza la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza sé que es un momento de conversión y de reconciliación, todo lo que nos enseña la Iglesia trato de hacerlo”, comenta.
La Semana Santa es, explica el Monseñor Silvio Fonseca, la fiesta más importante del cristianismo. “Se celebra el misterio de la Muerte y Reencarnación de Jesucristo”. Agrega que a partir de este acontecimiento se abrió un capítulo en la historia donde la humanidad, a través de los siglos, reconstruye el suceso de la Muerte y Resurrección de Jesús con procesiones y Vía Crucis con el fin de evangelizar a las personas.
Doña Ana tiene muchos recuerdos de todas las procesiones que ha asistido durante más de 60 años. Cuenta que lo más bonito es compartir con las demás personas el júbilo que se siente, pues aun sigue compartiendo estas fechas con sus hijos.
“Me siento contenta porque Dios me ha permitido transmitir la tradición de la Semana Santa y de las actividades de la religión a dos generaciones, a mis hijos y a mis seis nietos. Así como otras familias, espero que ellos enseñen las tradiciones a las nuevas generaciones”.
Desde muy joven, doña Ana ha colaborado con la organización de las procesiones que se llevan a cabo durante toda la semana, cuando puede colabora económicamente y con arreglos al altar.
Pero no todo era misa, iglesia y procesiones. “Cuando mis padres estaban vivos, el sábado de Gloria, luego del canto de gloria, nos íbamos al mar. Antes no íbamos porque en los días santos los debíamos pasar en casa, con la familia y la iglesia. Y así se queda uno con lo que le enseñan los padres”, comentó la señora.
¿EN EL MAR LA VIDA ES MÁS SABROSA?
“Muchas personas aprovechan los días de vacaciones para calmar el calor en el mar, pero ahí con un ambiente de tragos no se puede reflexionar” opina Monseñor.
Y es en lo que exactamente piensa Oscar Santos, de 25 años, cuando se acerca la Semana Santa, en el mar en compañía de sus amigos.
Aunque también para Santos la Semana Santa es una época de unión familiar y representa una fecha importante en la cultura cristiana, para él es una época de alegría y de comunidad para compartir buenos momentos con amigos y familia.
“Desde que tengo memoria, como es lógico no me despegaba de mi familia, siempre visitábamos una playa, pero en mi último año del colegio logré por primera vez pasar la Semana Santa con mi grupo de amigos, la cual fue memorable para todo el grupo, ya nos sentíamos grandecitos y pasamos unas vacaciones donde hubo de todo”, sin referirse a qué significa “todo”.
Santos es un joven alegre, trabajador y sobre todo emprendedor. Es Licenciado en Administración de Empresas y trabaja como ejecutivo de ventas. Son siete años aproximadamente los que este joven va a la playa con sus amigos en esta temporada.
Santos afirma que cuando va a la playa olvida las tensiones de la ciudad y pasa unos días llenos de fiesta con todos sus amigos.
La familia de Santos todos los años participa en actividades religiosas en esta temporada, él confiesa que no asiste pero dice que siempre se encomienda a Dios.
Según datos del Instituto Nicaragüense de Turismo, Intur, durante el 2009 y 2010 llegaron a las diferentes playas del país alrededor de 900 mil visitantes tanto nacionales como extranjeros, y para este año estiman que serán más de un millón de turistas, lo que incrementa significativamente las ganancias para restaurantes, hoteles y bares ubicados en las playas.
En las principales playas del Pacífico desde un mes antes se hacen anuncios de fiestas para que los jóvenes asistan. Las radios nacionales son de las que organizan este tipo de eventos en las playas.
Por su parte, Santos y sus amigos ya tienen programadas todas las actividades que realizarán durante la semana que incluye fiesta de espuma, show de disyoqueis, concierto de una banda popular y para despedir la Semana Santa una fiesta con bailarinas.
Mientras que doña Ana esperará todas las procesiones con júbilo desde su casa.
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