PREMIO Y ROLEX
Me siento tan orgulloso del premio que recibió Octavio Enríquez esta semana, tanto como si lo hubiese recibido yo mismo. No solo porque Octavio es un excelente periodista, sino también porque es un extraordinario ser humano. Premios como este tienen un enorme valor utilitario, más allá de su simbolismo. Nos sirven para saber que de este lado se están haciendo las cosas bien, sirven para estimularnos en la búsqueda del buen periodismo, para animarnos en estos tiempos difíciles y no sé qué uso le dará a la dotación económica que el premio también trae, pero sí estoy seguro de que nunca se comprará un Rolex como con el que fanfarroneó el diputado Mario Valle en el trabajo que, paradójicamente, le valió el reconocimiento internacional.
REFLEXIÓN
Tantos y tan buenos premios ha recibido el periodismo nacional independiente, que al menos debería hacer reflexionar a aquellos que se quejan agriamente por el tipo de periodismo que se hace en Nicaragua y lo condenan porque dicen que “nunca ve los logros del Gobierno y echa la culpa al comandante Ortega de todos los males de Nicaragua”. Si este periodismo es el malo y aquel que canta loas al “comandante Daniel” es el bueno, ¿cómo es que nadie más que ellos ve eso?
MANADA
Estaba viendo un vídeo en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=a0InyDjT_cI) donde un par de leones persigue a una manada de búfalos. Los búfalos corren por su vida y los leones saltan sobre un infortunado animal y están a punto de matarlo cuando la manada se detiene y decide regresar, llena de miedo, a enfrentar a la pareja de leones. Amaga. Los leones no aflojan a su presa. Uno por uno podrían matar con facilidad a todos los búfalos o a muchos de ellos. Amenazan y la manada retrocede asustada, pero finalmente recapacita y embiste junta y decidida. Los leones huyen, dejando libre al búfalo herido. Todos están a salvo.
EJEMPLO
Lo que no logro entender es cómo unos cuadrúpedos astados de Tanzania van a tener más raciocinio que nuestros políticos de oposición. Todos ellos corren creyendo que así salvarán su vida, su partido, sus diputaciones y sus casillas, mientras el león los va matando uno por uno, por separado. Acaso los resultados de las últimas encuestas no les están gritando que ninguno se salvará y que juntos no solo conseguirían vivir, sino hasta derrotar a quien hoy los persigue invencible.
SERVILISMO
Nicaragua conoció en Walter Porras el más despreciable servilismo. Porras sobrepasó los límites incluso en el orteguismo, donde la fidelidad perruna es regla. Lo vimos vociferando desquiciado al oído de Eduardo Montealegre cuando este llegó a declarar impuestos en la institución donde Porras era director. También lo vimos llevando como manada a los empleados de la DGI a las correrías partidarias. También se lució despidiendo a empleados que no aplaudían sus disparates y ya recientemente lo vimos en televisión, negando haber sido despedido por el mismo hombre que puso a la par de “Dios y la Virgen Santísima”. Patético.
SUBIR Y CAER
Por qué subió y por qué cayó. No sé qué culpas carga Porras en el orteguismo, que tiene su particular código de conducta, donde la adulación es una virtud y nunca un pecado, pero quiero dejarles dos frases que pueden ilustrar el asunto. “Siendo mediocre, pero a fuerza de saber humillarse, se alcanza todo”, decía el dramaturgo francés Pierre Auguste Caron de Beaumarchais, y años más tarde su compatriota, el escritor Paul Ambroise Valéry sentenció: “Cuando alguien te lame las suelas de los zapatos, colócale el pie encima antes de que comience a morderte”. Moraleja: no sean tan adulones, un poco de dignidad hasta inteligente es.
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