Jerusalén/EFE
Un nuevo documental histórico sostiene que el gran sacerdote Caifás —mencionado en los Evangelios como la persona que entregó a Jesús a los romanos—, asumió posteriormente el cristianismo y fue enterrado con dos de los clavos de Cristo.
El documental es obra del periodista israelí-canadiense Simcha Jacobovici, que hace unos años acompañó al famoso director de cine James Cameron en un proyecto con el que defendió haber encontrado en Jerusalén La tumba perdida de Jesús y de su familia.
En este caso el director, ganador de dos Emmys por trabajos anteriores, se inspira en una tumba no lejos de aquella que fue descubierta por arqueólogos israelíes en 1990, y en la que aparecieron dos sarcófagos con los grabados de Caifás y José hijo de Caifás.
Según Jacobovici, en el principal de los sarcófagos se hallaron dos clavos a los que los arqueólogos no dieron ninguna importancia, pero que debió haber encendido en ellos una luz roja incluso cuando existían otros casos parecidos.
La combinación del nombre con el objeto en cuestión es para él la clave de la identidad del enterrado, más aún cuando Caifás era un nombre poco común en el período del Segundo Templo, siglos VI a.C. a I d.C.
Tanto el informe de la excavación como los investigadores que participaron en ella —hoy dos de los más destacados en Israel— corroboran la aparición de los dos clavos, que sin embargo, no son presentados en el documental porque se extraviaron.
Sí presenta, hacia el final, dos clavos de la misma época y del mismo uso que halló en un laboratorio antropológico de Tel Aviv, y aunque plantea la pregunta de si podría tratarse de los clavos de Cristo, reconoce: “No lo puedo afirmar al cien por cien”.
TESIS DE UN NUEVO DOCUMENTAL
Jacobovici en su nuevo documental Los clavos de la crucifixión, que le ha requerido tres años de investigación, plantea que Caifás se arrepintió de haber llevado a Jesús a la cruz e incluso que, afligido, habría pertenecido después a una secta proto-cristiana que veía en él al Mesías.
Los clavos en su sarcófago formarían parte de un ritual con el que su familia, al morir, quiso abrirle camino hacia el mundo venidero en la nueva fe.
Jacobovici rescata incluso una orden de los grandes rabinos de la Gemará —la compilación de la ley judía oral en los siglos II al IV— para que no se empleen en labores curativas tres elementos: huevos de saltamontes, dientes de zorro y clavos de crucifixión.
“Como otras prohibiciones en la Gemará está claro que su propósito era erradicar alguna costumbre, es decir que los clavos de la crucifixión eran usados como amuletos”, explica.
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