Por Arlen Cerda
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La primera comisionada Aminta Granera, jefa de la Policía Nacional, fue despedida con hurras por la brigada de motorizados del Frente Sandinista, luego que pasó revista al equipo de oficiales que participó en uno de los varios cordones policiales que evitaron el avance de la marcha cívica de la sociedad civil hacia la Plaza de las Victorias –rebautizada por la oposición como la Plaza del Fraude–, donde se concentraron miles de miembros de la Juventud Sandinista.
«¡Aminta, Aminta, Aminta!», corearon los motorizados al paso de la jefa policial antes de que ella abandonará el sitio donde los motorizados se ubicaron a la espera de que la sociedad civil venciera el último cordón policial, cerca del casino Pharaos, a menos de 300 metros del monumento al boxeador nicaragüense Alexis Argüello, donde estaban reunidos los miembros de la Juventud Sandinista.
La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Vilma Núñez de Escorcia, quien se encontraba en ese mismo sitio, pero se retiró unos minutos antes de que llegará Granera, lamentó que «la Policía Nacional en vez de cumplir con su responsabilidad de garantizar la libertad de circulación de los ciudadanos y de garantizar el derecho a manifestarse y reclamar, lo que hizo fue obstaculizarlo, porque prácticamente con esas vallas que ponían cada veinte o treinta metros impedían el paso de la gente».
Según Núñez, el Frente Sandinista dio a la Policía «el rol de represores para defender el perfil «bueno, de paz y amor» de estos muchachos (de la Juventud Sandinista) que en verdad lo que están es descompuestos, instrumentalizados y fanatizados».