NACIONES UNIDAS/EFE
El asalto contra el complejo de la ONU en la ciudad afgana de Mazar-i-Sharif produjo siete muertes entre el personal del organismo, de los que tres son trabajadores internacionales y cuatro guardias nepalíes asignados a la Misión de Naciones Unidas en ese país, informó un portavoz oficial.
La misma fuente señaló que tres de los fallecidos son trabajadores internacionales de Naciones Unidas, pero no precisó su nacionalidad, mientras que sí indicó que cuatro de los fallecidos son guardias de Nepal y el resto serían civiles locales.
El asalto a la sede de la ONU en esa ciudad norteña se produjo en el transcurso de violentas protestas contra la quema de un Corán en Estados Unidos que ocurrió hace unas semanas, y que, según fuentes policiales, en el país asiático habrían causado once muertos.
Otras fuentes citadas por diversos medios apuntan a que las víctimas podrían llegar a 20 e incluso han señalado que los trabajadores internacionales fallecidos son europeos, en concreto de Suecia, Noruega y Rumanía.
La brutalidad de ese atentado ha causado conmoción en Naciones Unidas, donde el secretario general, Ban Ki-moon, lo condenó y calificó de “ataque cobarde”.
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Ban subrayó que era “un ataque cobarde que no tiene justificación alguna”, según su portavoz Farhan Haq, sobre esos asesinatos.
Las protestas en esa ciudad se tornaron violentas y tras la oración del viernes, miles de personas se echaron a las calles de Mazar-i-Sharif (norte afgano) en protesta contra la quema de un Corán, el pasado 20 de marzo, en una iglesia de Florida (EE. UU.) y que esta semana había sido denunciado por el presidente Hamid Karzai.
Los asaltantes apedrearon la sede local de la misión de la ONU en el país (UNAMA).
Fuentes policiales en Afganistán señalaron que aunque la protesta fue pacífica al inicio, más tarde varios manifestantes comenzaron a disparar y causaron la muerte a trabajadores de la ONU e hirieron a decenas de civiles.
Una fuente citada por la agencia afgana AIP aseguró, sin embargo, que los manifestantes lograron reducir a los guardas del edificio y les quitaron las armas, tras lo cual prendieron fuego a la sede de la organización internacional.
El enviado especial de la ONU en Afganistán, Stefan de Mistura, se trasladó a Mazar-i-Sharif para evaluar los daños y reunirse con el personal de Naciones Unidas.
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