Todo es válido para evitar catástrofe nuclear

Japón estudiaba ayer todas las opciones para reducir las emisiones radiactivas y evacuar toneladas de agua contaminada de la central nuclear de Fukushima, tales como cubrir los reactores con una lona especial o utilizar los depósitos de un barco-cisterna.

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SENDAI/AGENCIAS

Japón estudiaba ayer todas las opciones para reducir las emisiones radiactivas y evacuar toneladas de agua contaminada de la central nuclear de Fukushima, tales como cubrir los reactores con una lona especial o utilizar los depósitos de un barco-cisterna.

El operador de esta instalación, Tokyo Electric Power (TEPCO), aceptó la ayuda del grupo nuclear francés Areva, cuya presidenta, Anne Lauvergeon, llegó ayer a Tokio acompañada de expertos con el objetivo de ayudar a los equipos nipones, sobre todo para el tratamiento de las aguas contaminadas.

Por su parte el Departamento estadounidense de Energía también puso a disposición de Japón robots que resisten a las radiaciones, capaces de reunir informaciones sobre los reactores en lugares donde la radiactividad es demasiado elevada.

El gobierno japonés ordenó ayer controlar inmediatamente todos los reactores nucleares del país para asegurarse de que no van a tener los mismos problemas que los de la central de Fukushima.

La Agencia de Seguridad Nuclear japonesa señaló ayer que ha llegado el momento de buscar soluciones nuevas.

El diario Asahi Shimbun indicó el miércoles que entre las opciones estudiadas, TEPCO podría utilizar un barco-cisterna atracado frente a la central nuclear para evacuar el líquido altamente radiactivo, lo que permitiría que los obreros trabajasen nuevamente.

Asahi Shimbun se refiere también a la posibilidad de cubrir los edificios dañados de tres de los seis reactores con una tela fabricada con un material especial que podría limitar las emisiones de vapores radiactivos.

Japón tiene más de 50 reactores que se encuentran al borde del mar, en un archipiélago cuya superficie total está amenazada por los movimientos telúricos.

El presidente honorario de TEPCO, Tsunehisa Katsumata, juzgó inevitable el desmantelamiento de los reactores 1 a 4 de la central de Fukushima Daiichi (Nº1) construida hace más de 40 años en la costa del Pacífico, a 250 km de Tokio y de sus 35 millones de habitantes.

La alimentación eléctrica de los circuitos de enfriamiento de los seis reactores fue interrumpida brutalmente. El combustible nuclear, privado de agua, comenzó a calentarse y a fundirse, provocando una serie de explosiones e importantes escapes radiactivos.

Sin embargo, ese proceso infernal, que podría desembocar en un grave accidente nuclear, parece haber sido controlado por el momento.

Los técnicos que llevan casi 20 días luchando con las consecuencias de esta catástrofe enfrentan un círculo vicioso: enfriar los reactores es crucial, pero cuanta más agua utilizan, más aumentan las capas radiactivas. Y cuanto menos agua inyectan, más aumenta la temperatura en los reactores.

El descubrimiento de plutonio en cinco muestras de tierra extraídas de la central y la acumulación de yodo radiactivo y de cesio en el agua de mar hacen temer una grave contaminación del medio ambiente y de la cadena alimentaria.

Internacionales alerta nuclear Fukushima Japón Sendai archivo

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