“ Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a Jehová y dijo: “De recorrer la Tierra y de andar por ella” . Job 1.7.
Un octogenario que disparó a su hijo porla espalda matándolo en forma fría, dijo a manera de justificación: “Mucho me ofendía. Me mentó a mi madre y ni siquiera la conoció. Satanás anda suelto”.
Dos semanas después dos humildes campesinas, fervientes católicas de una comunidad del norte, fueron violadas y asesinadas cuando se dirigían a participar en un vía crucis a las 4:00 de la madrugada.
Una universitaria, en quien la familia tenía cifrada sus esperanzas, murió al estrellarse el vehículo que conducía un amigo a alta velocidad, luego de participar en un concierto de música electrónica, en la cual según un diario “muchos jóvenes aprovecharon para consumir drogas, lo cual hacían detrás de los urinarios portátiles”.
Otra universitaria perdió la vida, cuando una mujer al volante de una camioneta, después de haber ingerido cuatro litros de cerveza, la embistió en una calle transitada de Managua. Dos días después, la victimaria fue puesta en libertad porque según la juez “no hubo dolo”.
Está de más recorrer las noticias rojas de los medios para darnos cuenta sobre la pérdida de valores en los cuales se encuentra inmersa una sociedad que en su mayor parte se nutre de espectáculos de sexo, violencia, sangre, deslealtades, infidelidades, etc., y a lo cual contribuye la facilidad con que hasta nuestros niños pueden suscribirse a través de un celular a las palabras kamasutra, sexo, muerte, posiciones, etc. etc.
Tenía razón el anciano que mató a su hijo, que Satanás anda suelto y lo podemos encontrar en todas aquellas acciones que generan pecados, no solo en hechos como los mencionados y aún sin mencionar, sino aquellos que reflejan una dramática desvalorización del ser humano, del irrespeto a su dignidad, de la violación de las leyes, del escarnio, el fraude, la deshonestidad, el cinismo y una larga lista de violaciones a los principios bíblicos y las leyes del hombre.
Por eso, bien decía el Obispo auxiliar de Managua que: “Todo lo que es injusticia, ilegalidad, mentira y deshonestidad es pecado, lo cual traerá consecuencias negativas a mediano o largo plazo”, al referirse a las constantes violaciones de la Constitución.
Antes, el mismo prelado había afirmado que “el pecado se vuelve como una fuerza maléfica contra cada uno. Nosotros lo creamos y se encarna en la sociedad y se vuelve contra nosotros, y vamos creando una mentalidad de maldad, de violencia, de injusticia, de ilegalidad. Es terrible, pero lo más terrible es que nos acostumbremos al pecado del mundo”.
Pecado es ausencia de valores y de respeto a la ley de Dios. Pecado debe ser entonces robarle el dinero que el pueblo necesita para salud o educación cuando se falsifican cheques para abultar cifras y beneficiar a funcionarios en un poder del Estado, o se utilizan fondos generados por los impuestos para pagar actividades partidarias, o se licitan proyectos con empresas fantasmas para favorecer a determinados intereses, o se celebran fiestas o cumpleaños de funcionarios con fondos de las arcas públicas, etc. etc., y los auditores oficiales y el mismo pueblo solo escucha, lee y calla.
En este sentido la posición de la Iglesia nicaragüense ha sido firme y valiente, pero aclarando que su trabajo no es encabezar al pueblo, sino trabajar desde la fe. El papel de los obispos es denunciar el pecado y obviamente muchos funcionarios públicos y no funcionarios en este país están pecando por acción u omisión. En otras palabras hay autores, coautores, y cómplices del delito.
Tenia razón el viejito que Satanás anda suelto y no solo debemos observar sus acciones en determinados sectores de la sociedad, sino también en aquellos que deberían dar el ejemplo, que asisten al Santísimo y visitan templos religiosos , y cuyos hechos personales vulneran la miseria que vive este pueblo .
Por eso bien expresaron los obispos en una ocasión que ante la situación que estamos viviendo, “no basta rezar” porque de lo contrario estaremos convirtiéndonos en cómplices del pecado.
El autor es escritor y abogado.
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