Por Ahmed Al-Haj
SANA/AP
El presidente de Yemen, Alí Abdalá Salé, aferrado al poder a pesar de semanas de protestas, retiró este domingo su ofrecimiento de renunciar a fin de año, al tiempo que extremistas islámicos aprovecharon la decaída seguridad para tomar control de otro poblado del sur del país.
Los opositores al presidente —un grupo que comenzó con estudiantes universitarios y que creció con la inclusión de desertores del ejército, políticos, diplomáticos e incluso con la tribu de Salé— rechazaron la oferta que hizo el mandatario la semana pasada para dimitir a fin de año.
El retiro formal de la propuesta indicó que han fallado los intentos de negociar una transferencia del poder para dar fin a la crisis.
En una muestra de lo que está en juego si continúa el deterioro de las condiciones de seguridad, extremistas islámicos tomaron el domingo control de una fábrica de armas, así como de una estratégica montaña y un pueblo en la provincia sureña de Abyan, dijeron un testigo y funcionarios policiales.
Los rebeldes se movilizaron sin resistencia porque la Policía se retiró semanas antes —tal como ocurrió en muchas otras partes del país— debido a las protestas.
Este domingo, el mandatario convocó a una reunión con cientos de miembros de su partido, el cual posteriormente emitió un comunicado donde dijo que «el presidente Alí Abdalá Salé debe mantenerse en su puesto hasta que termine su periodo constitucional», en 2013.
En el sur, los rebeldes establecieron puntos de control alrededor de una fábrica de balas y del pueblo de al-Husn, donde patrullaron las calles y revisaron automóviles, dijo Wahib Abdul-Qader, un poblador.
Los combatientes no eran de la facción de Al-Qaeda, sino uno de muchos grupos rebeldes del país que se hacen llamar Salafi Yihad.
También tomaron el control de la vecina montaña de Khanfar, donde hay una estación radial y una casa de huéspedes de la presidencia, dijo Alí Dahmash, un experto en grupos extremistas islámicos que vive en la cercanía.
En otra provincia de Yemen, funcionarios de seguridad dijeron que presuntos pistoleros de Al-Qaeda mataron a siete soldados e hirieron a otros siete en un ataque contra un puesto militar. El ataque ocurrió en la provincia central de Marib, donde Al-Qaeda está activa y el gobierno tiene control nominal.
Los funcionarios, quienes hablaron bajo condición de mantener el anonimato porque no estaban autorizados a hablar con la prensa, dijeron que los atacantes incendiaron una camioneta armada con una ametralladora y se llevaron un vehículo blindado.