Desde que los Somoza dejaron el poder, forzados por las balas en julio de 1979, tal vez Álvaro Somoza Urcuyo sea el único de la familia que volvió a una presidencia. Pero a él no le tocó dirigir Nicaragua, como a su abuelo, su padre y su tío, sino que debió conformarse con presidir la Asociación de Horticultores de Florida, Estados Unidos.
Ahora, Somoza Urcuyo rasca con un poco más de fuerza en la política nicaragüense, tras asumir la jefatura de campaña de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y salir de la sombra en que lo mantuvo el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) en 2006.
Nieto de Anastasio Somoza García, hijo de Luis Somoza Debayle y sobrino y ahijado de Anastasio Somoza Debayle, todos miembros de la dinastía, Álvaro dice sentirse “orgulloso” del somocismo, asegura que él no mató a nadie y agrega que la familia ya pagó “al precio máximo” por sus errores.
Entre conciliador y retador, Somoza Urcuyo admite que nació en “cuna de poder”, presume de conocer al nicaragüense y el “esqueleto” a varios políticos que están de moda, califica de “traidor a la patria” a Arnoldo Alemán y dispara al final contra el presidente Daniel Ortega: “Él es un asesino, yo no”.
Álvaro, ¿qué hace un Somoza hoy en la política?
Je, je, je, je… El nombre de Somoza es sinónimo de la historia política de Nicaragua, sobre todo del siglo pasado, pero en realidad hay varias facetas de esto. Una es que por 32 años no se le ha permitido y/o no hemos querido como familia aventurarnos en la palestra pública porque ha habido mucha desinformación, muchos conflictos. Hay amigos con quienes participamos en negocios, en actos sociales, en relaciones humanas de aquellos tiempos, que están sorprendidos y que no necesariamente quieren ver a un Somoza de vuelta en la vida pública. Y la parte pública mía es que voy a administrar una campaña, porque comprendo el juego político, nací en él, conozco a los jugadores muy bien, le conozco los esqueletos a mucha gente y quizá, más importante que todo eso, es que sé medirle el pulso a este pueblo, que es un pueblo altamente noble.
En 2002, en una entrevista que usted le concedió a LA PRENSA, decía que no tenía intereses políticos…
Y no los tengo…
¿No piensa aspirar a un cargo de elección popular?
En este momento no. Sigo manteniendo lo que mantuve en 2002, que es un interés, un afán de ver a Nicaragua encaminada en donde yo quizá vi a mi padre, en un ejercicio democrático que le garantice a Nicaragua y a los nicaragüenses una mejor calidad de vida.
Hace cinco años usted respaldó a José Rizo en la campaña presidencial, sin embargo estuvo bastante oculto. Ahora lo vemos con más fuerza. ¿Vamos a ver a un Álvaro Somoza que se irá metiendo, año con año, con más fuerza en la política nicaragüense?
Con el doctor Rizo fui un consejero político, un amigo cercano y alguien que colaboraba con José y el PLC para prevalecer en el liderazgo político. Inevitablemente eso me puso en posiciones donde muchos políticos en el liberalismo y en la empresa privada y en otros aspectos me vieron y admiraron, quizá, las capacidades que yo tenía, la habilidad de comprender la situación de Nicaragua y por eso en los últimos cuatro o cinco años he hecho un esfuerzo para llegar a hacer la unidad (…). El doctor Alemán nunca ha querido la unidad. Por eso es que yo me meto en este esfuerzo, para unir y en aras de no existir esa unidad, la única opción es pararte firme y decir cuáles son tus principios y allí está esta fórmula (Enrique Quiñónez y Diana Urbina por ALN).
¿Usted por qué no aspira todavía a un cargo popular? ¿Cálculo político? ¿Cree que el apellido Somoza pesa demasiado en Nicaragua?
Es lógico para la mayor parte de ustedes, los periodistas, pensar que yo, el único Somoza en esto, ande buscando un cargo público, por la historia y porque no me conocés a mí. Mis intereses han sido de índole empresarial, agrícola, industrial, en eso he estado casi toda mi vida…
Usted dice en esa entrevista de 2002, se la recuerdo de nuevo, que nació en la cuna del poder. ¿Ese gusanito de la política, de estar en el poder, no lo tiene usted?
Eso me da la educación de comprender la historia, de comprender los aciertos y errores que se cometieron antes de mi nacimiento, durante mi vida y después de que me fui al exilio; y esa es la base por la que yo creo que puedo contribuir, pero no necesariamente me obliga a mí a buscar una elección popular o un puesto público. A Enrique Quiñónez le dije que no quiero ningún puesto en el Estado. Yo voy a hacer esto como un empleo, voy a trabajar por nueve meses para que se le elija como presidente.
¿Y después vuelve a sus negocios?
Es que yo no estoy abandonando mis negocios. Es que eso es lo que debemos recordar, que es un pecado que ciudadanos abandonen lo que hace a Nicaragua grande, generar empleos, para irte a la política; porque se volvió la política no un servicio, sino una forma de empleo y esa es la tragedia. Decime, por favor con honradez, haceme un análisis de todos los que están en la política, ¿de qué viven?
Lo mismo se decía de su familia cuando estaban en el poder, de hecho hay una frase que dice que Nicaragua era la finca de los Somoza.
Pero es que del dicho al hecho hay un gran trecho. La verdad es que yo vi a mi padre dedicarle por lo menos un tercio de su tiempo a lo que él hacía antes de llegar a la presidencia, que era la agronomía, la zootecnia. Él nunca abandonó eso. Cuando se bajó de la presidencia, mi padre se fue de vuelta al campo, creó Kukra Hill, como uno de los primeros proyectos que hizo…
¿Ese es el ejemplo de política que sigue usted?
El ejemplo de mi padre sería un gran honor seguirlo, no en aspiraciones de presidencia ni nada, porque él verdaderamente no aspiró… Hay gente que cree que yo ando reivindicando y reviviendo el somocismo y no puede existir una oración más ignorante de lo que yo estoy haciendo, porque nosotros somos de la historia. Después de 32 años yo ya absorbí y depuré todas las groserías y desinformación, mentira, etcétera, que se dijeron de mi familia; y hemos probado, sin ni siquiera meternos en la política, que el pueblo de Nicaragua añora en su gran mayoría la calidad de vida que mi familia le brindó a los nicaragüenses. Sí se hicieron errores y he sido siempre sensato y honrado de admitirlos, pero no son mis errores, ni soy yo el que los hizo, ni están ellos vivos, pero yo te digo que los errores que hizo Daniel Ortega fueron de Daniel Ortega y sigue vivo y está en la presidencia.
¿Siente rencor usted con Daniel Ortega o el FSLN?
Bajo ningún punto de vista. Soy una persona muy cristiana, muy católica y el rencor es para los tontos y los pecadores, y yo no soy rencoroso.
¿Y ha tenido algún encuentro con Ortega o con (alguien de) la cúpula del FSLN?
Preferiría no tenerlo, porque no les tengo mucho aprecio ni respeto y para responderte, la única vez que estuvimos bajo el mismo techo fue una vez que, acompañando al doctor (José) Rizo en Puerto Cabezas, a la toma de posesión del entonces alcalde de allí, llegó Daniel Ortega, llegó el doctor Rizo, y en la Alcaldía estuvimos bajo el mismo techo, no nos saludamos, me mantuve a cierta distancia con él…
¿Qué sintió de tener a Daniel Ortega tan cerca?
Áspero, pero pues, ehhh…
¿Digerible?
Sí, ideay, es como cuando te tragás una medicina o un confite agrio. ¿Qué te puedo decir yo?
¿El PLN está aliado con el FSLN?
Jajaja… El PLN no existe hombre. Allí anda Arnoldo Alemán con un señor Bermúdez que dice ser el presidente del PLN, pero que te enseñe las directivas municipales. Yo me di cuenta que este señor Bermúdez, que tiene una universidad, ponía en las directivas nombres de sus estudiantes para llenar los requisitos ante el Consejo Supremo Electoral, o sea las violaciones son constantes y sonantes.
¿Y a usted no le interesa revivir al PLN?
No, es que el liberalismo, como filosofía, está vivito y coleando en Nicaragua, es un afán democrático de libertad e individualidad que nunca lo vas a matar, porque ese es el nicaragüense…
¿Usted comparte que el presidente Ortega comete los mismos errores que hicieron ustedes, los Somoza, cuando estaban en el poder?
Creo que hay que corregir la aseveración y decir que el presidente Ortega comete mucho de lo que acusaban a los Somoza de cometer. Los Somoza no hicieron muchas de las cosas de las que eran acusados, eso fue una campaña de desinformación. Los Somoza, por lo menos por quien yo defiendo y hablo bien claro, mi padre, no violentó la Constitución, más bien la reforzó para darle democracia a Nicaragua. Don Luis Somoza pasó leyes que a Daniel Ortega no se le ocurre pasarla, comenzando con la ley de la no reelección…
Pero su abuelo pactó, su tío pactó y usted es parte de esa familia…
Por lo cual pagaron el precio máximo, verdad.
¿Usted cree que el presidente Ortega se dirige por el mismo camino?
Sí, creo que el presidente Ortega se dirige hacia una dictadura y todas las dictaduras terminan mal y ese es el error, no se han educado, no han comprendido. Fijate bien, hay cosas magníficas que hicieron esos dos antepasados que mencionaste, mi abuelo y mi tío, magníficos. La derogación del Tratado Chamorro Bryan le dio a Nicaragua una independencia y un autoestima y orgullo tremendo cuando Anastasio Somoza Debayle lo derogó; y el viejo Tacho le dio el voto a la mujer, no existía eso, hizo el Código del Trabajo. Entre mi padre y el viejo Tacho desarrollaron el seguro social e implementaron leyes dentro del Código del Trabajo, como el salario mínimo, que nadie las ha tocado (…) Eso no quita que hicieron errores y son esos errores, que yo, como miembro de esta familia, digo porqué no hemos aprendido si ya pagamos el último precio. Se han perdido más de 50 mil ciudadanos combatiéndonos porque no hemos aprendido de esos errores. Entonces, el hecho de que yo me lance a la vida pública para apoyar a una fórmula presidencial, no es que yo esté aspirando a nada, sino que quiero asegurarme que las lecciones que yo aprendí sean aprendidas por muchos de los nuevos políticos.
Cuando Enrique Quiñónez dijo que usted iba a ser su jefe de campaña, dijo que se estaba despertando un gigante que está dormido desde el 19 de julio de 1979…
La alusión que hace el diputado y candidato es al hecho de que, con un Somoza dirigiendo la campaña, se despierta el gigante de la esperanza de aquella clase media, del auge económico, del liberalismo que existía.
¿No se despierta al somocismo?
No veo al somocismo despertándose cuando ya es de la historia, no es un Somoza el que corre en la campaña. Creo que es analogía lo que representaba ese somocismo, obviamente ya no existe la Guardia Nacional, no existen ni mi tío, ni mi padre ni mi abuelo; entonces, es más bien una alusión a la idea de que hombres fuertes liberales vuelvan a tomar las riendas del futuro de Nicaragua.
¿Cuando ve al pasado, usted siente orgullo o pena?
Uff… tremendo orgullo. Tremendo orgullo, tremendo…
Pese a los errores que usted decía.
Sí hombre, porque recordá que esos errores fueron hechos por otros, no por mí, eso te traté de decir anteriormente. Acordate que yo puedo ver a Daniel Ortega a la cara y por más que hablé de mis antepasados, fueron mis antepasados. Él no me tiene ningún esqueleto a mí en el clóset, este señor, pero yo le puedo decir a él asesino, le puedo decir a él violador de la Constitución, le puedo decir a él cualquier cantidad de cosas que siente el pueblo, porque él sí las ha hecho, yo no. Las violaciones a la Constitución son imperdonables en una democracia que ha costado más de 50 mil vidas, es una traición a ese pueblo. El deseo que lo quiera hacer quizá lo pueda tener cualquier persona, pero ejecutar esas violaciones son una traición al proceso de democratización, yo no he hecho nada de eso y él sí. Yo puedo vender a mi candidato (Quiñónez) como alguien que no ha hecho eso y Daniel Ortega sí. Yo puedo ver a Daniel Ortega y ver a Arnoldo Alemán y decirles ‘ustedes son don traidores a la patria’ y ellos no pueden decir eso de mí, porque ellos traicionaron a la gente que los eligió y no pueden decir eso de mis candidatos.
¿Usted en realidad cree que conoce al pueblo nicaragüense?
Te lo garantizo, que lo conozco mejor que muchos que están en la palestra pública.
¿Por qué, si estuvo tantos años fuera del país?
¿Cuántos años fuera del país? Contame ¿Vos me conocés?
Estuvo fuera en los años 80.
Once años. ¿Y tengo 59?
En los 90 no se estableció aquí permanentemente, venía y se iba.
Venía constantemente a Nicaragua… Acordate que me fui a los 28 años y ya a esa edad conocés a tu país y habiendo nacido en la cuna del poder, mi padre me llevó por toda Nicaragua.
Pero esta es otra Nicaragua.
Pero sigue siendo el mismo pueblo, si lo que ha cambiado son las condiciones. Ahora, en vez de almorzar por 2 córdobas, almorzás por 40 o 50, pero el pueblo sigue siendo el pueblo, sigue siendo noble, sigue siendo la misma mujer y hombre trabajador que quiere mejorar su calidad de vida, la de sus hijos, quiere educarlos y tener medicinas.
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