SENDAI/TOKIO/AGENCIAS
La crisis nuclear se agravó ayer en Japón con una nueva explosión y un incendio en la central Fukushima 1 que elevaron peligrosamente el nivel de radiactividad en el archipiélago, arrasado el pasado viernes por un sismo y un tsunami. Las pesadillas parecen encarnizarse con el archipiélago, donde volvió a registrarse un sismo de magnitud 6.
Los japoneses hacían provisiones masivas de agua y víveres, vaciando las góndolas de los supermercados, pese a las advertencias de que esas compras podían comprometer el abastecimiento de las áreas devastadas por los desastres.
El nivel de radiación en las inmediaciones de Fukushima 1 “ha aumentado en forma considerable”, dijo el primer ministro, Naoto Kan. Su portavoz, Yukio Edano, precisó que los niveles de radiactividad alcanzados “pueden afectar la salud de los seres humanos”. Las autoridades indicaron que también se detectó radiactividad en la zona de Tokio (a 250 kilómetros al sudoeste de la central), aunque en niveles que no suponen peligro para la salud.
Los habitantes de la capital, la mayor megalópolis del planeta (35 millones de habitantes), se precipitaban a las tiendas para comprar máscaras y material para enfrentar cualquier emergencia.
Kan extendió a 30 kilómetros la zona de exclusión en torno a la central de Fukushima 1 y pidió a la población que reaccione con “calma”, pese a la gravedad de la situación.
En la ciudad de Fukushima, 80 kilómetros al noroeste de la central, “hay muchos niños enfermos, las farmacias están cerradas (…). Todos quieren irse, pero no hay gasolina” para los vehículos, contó por teléfono Kaoru Hashimoto, un ama de casa de 36 años que vive en esa localidad.

Poco después de las 06H00 locales (23H00 GMT del lunes), “hubo una gran explosión” en el reactor 2 de la central Fukushima 1, informó la Tokyo Electric Power (TEPCO), empresa operadora de la planta.
Otra explosión de hidrógeno provocó poco después un incendio en el reactor 4. El canciller japonés, Takeaki Matsumoto, indicó en París —donde participaba en una reunión del G8— que el nivel de radiactividad provocado por ese incendio “podría afectar la salud” de la población.
Al finalizar el día, el operador Tokyo Electric Power (TEPCO) y un portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear japonesa, Minoru Ogoda, informaron que el incendio parecía haberse apagado.
Cuatro de los seis reactores de Fukushima 1 se encuentran averiados y las temperaturas siguen aumentando en los dos restantes. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) indicó que los vientos estaban alejando hacia el mar la amenaza de radiactividad, sin que ello tuviera “implicaciones” para otros países.
La Autoridad Francesa de Seguridad Nuclear calificó el accidente en un nivel 6 (sobre una escala de 7), convirtiéndose en el segundo más grave de la historia del sector nuclear civil, superado solo por el de Chernobyl (Ucrania) en 1986.
El desastre llevó a Alemania y a Rusia a ordenar un examen inmediato de la situación y las perspectivas de la energía nuclear. La canciller alemana, Angela Merkel, anunció el cierre inmediato por tres meses de los siete reactores en servicio antes de 1981.
Las explosiones en las centrales se deben a las intervenciones de emergencia llevadas a cabo para reparar los sistemas de enfriamiento dañados por el tsunami que siguió al sismo de magnitud 8.9, el mayor de la historia de Japón.
La central de Fukushima 1, construida en los años setenta, fue totalmente desconectada y TEPCO deriva agua de mar para enfriarla, en un procedimiento que provoca radiaciones.
CRISIS HUMANITARIA
Las autoridades niponas enfrentan además la crisis humanitaria provocada por el sismo y el tsunami. El último balance policial de los desastres naturales es de 3,373 muertos, aunque fuentes oficiales afirman que más de 10,000 personas perecieron.
Japón es el único país que sufrió ataques nucleares —dos bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial— que mataron a unas 200,000 personas, y sus habitantes conocen los riesgos de la radiación.

En Viena, el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Yuyika Amano, juzgó muy improbable que la situación degenere en un nuevo Chernobyl.
Japón pidió ayuda a la AIEA y a EE.UU., para enfrentar la emergencia. El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, habló de “apocalipsis” y estimó que las autoridades locales habían prácticamente perdido el control de la situación en Fukushima.
Los accidentes en Fukushima reavivaron los temores de los antinucleares en el mundo entero y según el jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Nobuo Tanaka, ello corre el riesgo de retardar el desarrollo mundial de esta tecnología y de complicar su lucha contra el cambio climático.
Unas 500,000 personas fueron evacuadas y muchas tuvieron que ser alojadas en centros de emergencia tras haberlo perdido todo con el paso del tsunami, una aterradora cortina de agua de 10 metros de altura que barrió el litoral noreste de la principal isla del país.
En Sendai, una ciudad arrasada, la destrucción fue total. En el aeropuerto local, trozos de avionetas sobresalían del barro entre restos de casas de playa arrastradas hasta allí por el oleaje.

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