Con la confirmación por parte del Consejo Supremo Electoral de facto, de las alianzas que participarán en las futuras elecciones, se dio el banderillazo de salida por la carrera presidencial que culminará el próximo 6 de noviembre. Atrás quedaron las conjeturas y las intenciones de unidad por parte de la oposición. A estas elecciones concurren el PLC, ALN, APRE, PLI y el FSLN. El universo de votantes se estima que andará por el orden de los dos millones ochocientos mil, si asumimos que el partido de gobierno mantiene su voto del 2006 que anduvo cercano al millón, le queda a la oposición un millón ochocientos mil para disputárselos entre los cuatro candidatos. Todos sin excepción tienen fortalezas y debilidades, a estas elecciones no asisten caras nuevas, por lo que dependerá de la capacidad y destreza que demuestren sus equipos de campaña al abordar sus ofertas y promesas electorales lo que hará la diferencia a favor de uno de los cuatro. Considero que la lucha será dura, feroz me dicen algunos. El partido opositor que logre ventaja sobre los otros tendrá como premio mínimo de consolación alzarse con el segundo lugar; lo que será bueno para ellos pero malo para el resto de la población.
Otro elemento que en estas elecciones pesará mucho a la hora de la votación, será la boleta de diputados. Durante estos cuatro años de gobierno orteguista el pueblo ha podido apreciar la necesidad de tener diputados capaces, honestos y con sólidos valores morales. En otras palabras todo aquel partido que nos ofrezca más de lo mismo llevará un lastre muy difícil de defender ante sus adversarios y resto de votantes.
Para nadie es un secreto que en Nicaragua hace rato vivimos bajo un Estado fallido en donde las instituciones de gobierno hace rato dejaron de funcionar, sino cómo se explica que al árbitro electoral se le demuestren malos manejos en los fondos que se le confiaron hasta por la suma de 400 millones de córdobas y nadie dice ni hace nada, igual cosa sucede con el ejecutivo y del poder judicial ni hablar. Esto me lleva a otra reflexión. Una posible derrota electoral de la oposición ante el candidato del gobierno podría perfectamente significar el colapso de los partidos y políticos tradicionales. El refrán de que los pueblos tienen el Gobierno que se merecen no aplica a nuestro pueblo, ya que hemos dado sobradas muestras de querer ser gobernados por políticos honestos y capaces. La última demostración nos costó 50 mil vidas y otros tantos miles de discapacitados.
Sin temor a equivocarme puedo afirmar que los máximos líderes y caudillos políticos son especies en proceso de extinción, los pueblos están demostrando que no se necesitan para lograr verdaderos cambios. Costa de Marfil, Túnez, Egipto, muy pronto Libia y pueden apostar que seguirán otros, todos ellos han logrado erradicar a los tiranos que los oprimían. La beligerancia de las diferentes expresiones de la sociedad civil, el arrojo que comienza a sentirse en una buena parte de nuestra juventud, unido al hastío que nos producen los últimos 50 años de injerencismo sandinista en nuestra sociedad, están haciendo el milagro de despertar nuestras conciencias. Por ello que nadie se llame a engaños, una derrota de los partidos de oposición ante el Gobierno, jamás será una derrota del pueblo. Por el contrario podría ser la oportunidad de tomar las riendas de nuestro propio destino a como lo están haciendo los países antes mencionados y quiera Dios que erradiquemos para siempre la mediocracia política.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A